sábado, 29 de noviembre de 2008

Mitchell Leisen II

Medianoche (Midnight, 1939)

Argumento: chorus girl (Claudette Colbert) llega a París huyendo de sus deudas en la Costa Azul sin más equipage que un minibolso de fiesta y, tras una sarta de mentiras, acaba siendo recibida por la clase alta parisina con todos los honores.


Considerada su obra maestra, con guión de Wilder y Brackett, que precisamente ese año también escribieron Ninotchka para Lubitch, también ambientada en París, también en el Ritz, lo que menos me gusta de la peli es justamente la marca Wilder, aunque es cierto que algunos de sus momentos son hilarantes, como cuando aparece el Barón Czerny en el chateau, típico de Wilder rizando el rizo.

Pero a veces el tono screwball va en detrimento de la naturalidad, el encanto, el romanticismo de Mitch. Me quedo con el vestido de Claudette llegando al principio a la estación de tren empapada de lluvia.


Con el ceño fruncido de Don Ameche cuando van en el taxi y se da cuenta de que se está enamorando de ella.


Con sus peleas de enamorados. Con la llamada a la niña. Con sus teorías sobre el amor y el dinero, sobre cómo la pobreza acaba con el amor. Con ese juego de roles sociales y ese retrato tan divertido de la alta sociedad europea. Con cuando ella le dice a John Barrymore (el abuelo de Drew): “Toda cenicienta tiene su medianoche”. Por cierto, que la Parisian soirée con todos aburridos escuchando a la cantante de ópera es un chiste privado, pues Mitch acaba de separarse de su mujer, una diva de ópera que vivía en París.

No hay tiempo para amar (No time for love, 1943)

El argumento: career girl (Claudette Colbert) se enamora de obrero de la construcción (Fred MacMurray) y pretende desenamorarse pasando tiempo con él, para darse cuenta de lo gañán que es: “Maybe one person really is better than another, and there couldn't be any real happiness – just momentary infatuation”.


Considerada una obra menor, es sin duda mi favorita.

MacMurray se puede considerar en esta película el primer hombre objeto de la historia del cine, por contraposición al galán que creó Valentino. “You are the living proof that men can exist without mentality”, le espeta ella al poco de conocerse, y después se pasa toda la película llamándole simio, superman, king kong. MacMurray nunca ha estado más sexy que en las películas de Mitch, más seductor, más homme fatal y más encantador. Debe ser que está en la mirada del director.


Se ha criticado mucho la ridiculización del grupo de homosexuales de la película, pero todo tiene su porqué: por esa época Mitch tenía una relación con un bailarín, Billy Daniels, que por lo visto era un poco basto y estaba harto de que todos sus amigos se mofaran de su falta de gusto, así que la escena en que MacMurray los tumba es más una venganza contra su trouppe que otra cosa. Aquí todos revelando y admirando la foto de MacMurray con el torso desnudo.


Por si fuera poco, la película incluye una de las escenas más camp de la historia del cine, que Hitchcok llegó a imitar en el sueño daliniano de Recuerda. Esta no tiene a Dalí, pero sí a Superman. IMPRESIONANTE.


viernes, 28 de noviembre de 2008

Mitchell Leisen

Debía de ser 1992. Mientras en Barcelona correteaban las Olimpiadas, yo recuerdo sólo tres cosas de aquel verano de mis 20 años (relicario de mi juventud): hacía poco que había visto Mi Idaho Privado y no podía quitármela de la cabeza, Prince acababa de sacar Sexy Mother Fucker y en la segunda cadena pusieron un ciclo de Mitchell Leisen de madrugada.



Acababa de mudarme a una casa con patio del Albaycín y era la primera vez que me quedaban asignaturas para septiembre. La habitación estaba en un torreón, decorada con la típica jarapa alpujarreña, pósters de cine de ciencia ficción de serie B y una tele pequeña en blanco y negro como de los años 60, con la carcasa beige. Con los libros de Termodinámica y Métodos matemáticos II perfectamente apilados a modo de mesita de noche.

Recuerdo que se me quedó grabada “La muerte en vacaciones” y eso que es de las más antiguas, de 1934; todavía no me he atrevido a ver el remake de 3 horas de Brad Pitt. “En las rayas de la mano”, con una Marlene Dietrich y un Ray Milland supermaquillados de zíngaros (kitsch exotica, la han llegado a describir). “Medianoche” y el propio remake que hizo Leisen de esta obra maestra, “Mascarada en México”. Años más tarde pillé otras en el Digital.

Por las veces que aparecen citados en este blog, podría pensarse que mi director favorito es Cukor o incluso Almodóvar, pero es que todavía no había tenido ocasión de hablar de Mitchell Leisen.

Él sí es el rey de la mascarada y el camp, “demasiado romántico para ser screwball, demasiado glamouroso para ser sátira”, algunos hablan de Mitchell Leisen como el primer director posmoderno.

A Mitch le acusaron siempre de ser un esteta (por no decir otra cosa) que prefería los decorados al drama, los vestidos de fiesta a los diálogos bien escritos, de hecho empezó como decorador y diseñador de vestuarios en las grandes producciones de De Mille.

Billy Wilder, que empezó trabajando de guionista para él, dijo de Leisen que no era más que un escaparatista. Y todo porque cortó algunas páginas de sus guiones. Otra de las perlas de Wilder sobre Leisen: “Sólo vería en la tele películas de directores que odiara y no hay ningún director a quien odie tanto, ni siquiera a Mitchell Leisen”.

En Nueva York intenté buscar sin éxito algunas de sus películas, porque aquí sólo se habían editado en DVD las dos que tiene con Marlene, la citada “En las rayas de la mano (1947)” y “Capricho de mujer (1942)”, que no son de las mejores, pero ahora acaban de editar cuatro más. Cuántas veces he rogado al destino, ser esclavo de este sueño azul.


jueves, 27 de noviembre de 2008

Absolut Masquerade

Bueno, ya estaba tardando. Hace dos semanas que la esperaba, sin saber cómo sería este año, todos los días me pasaba por el pasillo de espiritosos y hoy por fin ha llegado: "En un mundo absoluto, todas las noches son una mascarada".

El vodka se ha hecho travesti. Con un vestido rojo ajustado de lentejuelas y una excitante cremallera en la espalda. Corre porque se van a agotar.

martes, 25 de noviembre de 2008

Dúchate & Guarra

En D&G se han inspirado en la Costa Azul para la colección de primavera-verano 2009, según ellos, una actualización de “Cómo atrapar a un ladrón” adaptada al siglo XXI. Visto lo visto, los modelos se parecen más a ese “tacky Cary Grant” que cantaba Lou Reed en “Halloween Parade”, y no lo digo sólo por las gafas, que por cierto me probé el otro día unas muy parecidas y tienen un efecto curioso (cuando te miras al espejo, se te abren los ojos de espanto), ni por el corte de los trajes, que si ya a los modelos no les sienta bien... es que el rollo marinerito está ya muy visto. Vamos, que Zara no va a tener que diseñar nuevas imitaciones, con desempolvar las de hace cinco temporadas ya tiene. Salvo algún estampado “micro pattern”, supongo que porque me retrotraen a la infancia, y alguna reelaboración chandalera, más les valdría decir que se han inspirado en Tony Curtis caricaturizando a Cary en “Con faldas y a lo loco”. El nombre tan ordinario del título se lo debo a la Gran Cristina Tárrega, que es como se refiere a la marca entre sus amigas. Verídico.




viernes, 21 de noviembre de 2008

El musical del 2 de mayo

Me llama Becky del Páramo por la tarde, que tiene entradas para ir al teatro Albéniz a ver “Baile de máscaras” de la Compañía Rojas y Rodríguez (antes Nuevo Ballet Español, y el cambio de nombre tiene un motivo: ambos empiezan a tener proyectos por separado).



Mis expectativas son de ver un show à la Sara Baras, es decir, una cosa entre los espectáculos de tablao de Tivoli World que veía de pequeño y un montaje de Antonio Gades en el Ballet Nacional. A ellos los conozco de una sucesiva campaña publicitaria en una revista gay (donde normalmente explotan su belleza y “ambigüedad”) de todos sus espectáculos, y de ver durante años los carteles los mismos en el metro.

Cuando nos dan el libreto, me informo del argumento: inspirado en la guerra de la independencia, la invasión de Napoleón, el levantamiento del pueblo, la figura de Fernando VII y la visión de Goya. Con la colaboración especial de García Montero, que les ha escrito un poema. La música es de Pepe Nieto (responsable de la banda sonora de todas las películas de Vicente Aranda desde el Lute, las últimas de Pilar Miró, o Días contados).

Se levanta el telón y aparece Félix Gómez (Herederos) que interpreta a un enfermo en un centro psiquiátrico que va perorando sobre la guerra, la palabra y las máscaras. Luego, el cuerpo de baile, como si fueran internos del sanatorio. Y por último, el Rey (Rojas), Napoleón (bailarín invitado, no me gustó mucho) y Goya (Rodríguez), que se supone que también son locos que en su delirio se creen esos personajes.

Dividido en seis actos. Los primeros sólo con música de cámara. La presentación de los personajes no me pareció muy lograda. La historia se levanta con el cuerpo de baile, sobre todo cuando tocan las castañuelas y hacen una coreografía mezcla de Boleras y West Side Story. Empiezas a cogerle el punto a los segundos solos del Rey y Goya. Cuando sale el cantaor flamenco la cosa mejora. Al final, llegas a atisbar a los músicos vestidos de enfermeros en los laterales, la cosa se vuelve más global, y casi llegan a levantarlo del todo. El epílogo del poema de Montero recitado por Félix Gómez pone la nota política: “La guerra no termina, sólo deja un cementerio vivo cargado de preguntas”.

No quiero entrar en el debate que me entró en el cuerpo la primera mitad de la obra: la alta cultura vs. la baja cultura. Los libros para los que no entienden de literatura, el cine para los que no entienden de cine, el flamenco para los que no entienden de flamenco… yo soy el primero que no entiendo de muchas cosas, el primero que bailó sin talento en un cuadro de baile imitando coreografías de Gades. No sé, supongo que es esa manía de las expectativas, esa manía de etiquetar. Si el espectáculo se hubiera llamado “El musical del 2 de mayo”, con menos pretensiones artísticas, un texto dramático menos pedante y mejor escrito, hubieran metido tres cantes flamencos más de esos de pellizquito y se hubiera anunciado en Gran Vía con luces de neón, lo mismo habría disfrutado más. O quizás no.



La ambientación histórica daba para mucho. De hecho, la escuela bolera surge del afrancesamiento de las danzas populares españolas del siglo XVIII (por eso, la Napo-Leona no lleva tacones, lleva puntas). Para entendernos:

Danza popular + Ballet clásico = Escuela bolera
Baile flamenco + Escuela bolera = Danza española

En teoría, la danza española (el español o el flamenco estilizado, como también se llama) no es flamenco. No puedes comparar esta coreografía con una de Israel Galván. ¿O sí? Ambas tienen mucho de posmoderno. Los solos de estos chicos tienen mucho de Joaquín Cortés, y este es flamenco… ¿o sólo flamenco para los que no entienden de flamenco? ¿y a Sara Baras, dónde la dejas?

Como dice al final el poema de Montero: “Que respondan los cuerpos”.

Becky, quedamos mañana por la noche, a ver si nos responden a nosotros.

Todo se pega...

menos lo rubio

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Beautiful People

Bueno, bueno, bueno… los niños mariquitas están de moda en la tele. En EE.UU. tienen a Justin, el sobrino de Betty (Uggly Betty). En España tenemos a Fidel (Aída). Y ahora llegan los ingleses con una serie llamada Beautiful People del productor de Absolutely Fabulous y el guionista de Beautiful Thing. El protagonista, Simon, un escaparatista de unos grandes almacenes de N.Y., recuerda su infancia en el sórdido Reading de los 90s, con su hermana, una wannabe ghetto queen, su mejor amigo Kyle, que se hace llamar Kylie…



Empezó a emitirse en octubre... I can’t wait!!!

2017: tibio y desafecto

Ay, que ya nadie se acuerda de 2017. Aquí va mi resumen: Lo mejor del año  * La frase de "Juego de Tronos": “Maybe it real...