miércoles, 10 de febrero de 2010

Gossip boy

Mientras Almodóvar incluye una serie de fotografías suyas en el último libraco de Lady Foster, su novio, el ex-jugador de baloncesto antiguamente conocido como “Superman de San Martín de Valdeiglesias”, se ha cambiado el nombre para que los de El Mundo no lo rastreen en Google (aquí lo puedo decir, que este blog no lo lee nadie: de Fernando Iglesias a Iglesias Mas) y expone su primera exposición de fotografía en la Fresh Gallery. Almodóvar le ha escrito el texto de la exposición:

“Madrid se muestra ante la cámara de Iglesias Mas como la ciudad de las mil caras, de los mil estados de ánimo. Furtiva y renovada en cada paseo.
Viendo las fotos de Iglesias uno tiene la impresión de que vivimos en en una ciudad rebosante de obras de arte y que basta mirar a sus aceras y a sus fachadas para descubrirlas. Algunos de los artistas que imprimen sus obras en las paredes de Madrid, podrían muy bien hacerlo sobre un lienzo y tener un lugar en el mercado de arte. Para otros espontáneos lo importante es el gesto, la nota de color, el garabato, todo mezclado con el azar y las inclemencias del tiempo.
Las fotos de Iglesias Mas rebosan materia y vida, una vida cotidiana y a la vez misteriosa y secreta. Y sobre todo furtiva. El caminante urbano atesora la memoria cotidiana de esta ciudad en tránsito, por si en algún momento decidimos reconstruirla. Un verdadero tesoro que espero nos desvele en futuras exposiciones, porque Iglesias Mas es un fotógrafo de amplio registro, en pleno período de ebullición.” Pedro Almodóvar

Como muestra, un botón. Algunas son muy Bansky, pero en general están chulas:







miércoles, 3 de febrero de 2010

Realidad, de Tom Stoppard

El viernes pasado fui a ver el estreno al María Guerrero, interpretada por Javier Cámara y María Pujalte en sus principales papeles. Primera pega: en esos “castings ideales” con los que le gusta fantasear a Marcos Ordóñez (que cada día está más vendido, a ver su crítica del sábado, que hoy ha dicho que todavía no la ha visto), no son los actores que me habrían gustado para representar esos papeles. En Broadway, fueron Jeremy Irons y Glenn Close, dirigidos por Mike Nichols (y en Valencia, hace diez años, la protagonizó Joaquín Hinojosa, el doblador de Jack Nicholson en El resplandor).



Tom Stoppard se ha representado poco en España, en Barcelona más, pero en Madrid casi nada. El texto de esta obra es de esos que los ingleses bordan, que parecen muy sencillos de escribir, pero llevan mucho oficio detrás. Segunda pega: la traducción es un poco espesa, por no decir obtusa. Hay chistes que no se entienden y confundir ponerse enferma con vomitar o decir en español “felices como un cachorrito caliente” (sic) no ayuda mucho a que los actores se hagan con su personaje.

El argumento es el de un dramaturgo en crisis con su mujer que la abandona por una más joven, las dos actrices, y esta le pone los cuernos con un actor bombón interpretado por Alex García, al que no le pueden sentar mejor unos G-Star. Y no actúa tan mal. Con una metáfora sobre la realidad, lo verdadero (The Real Thing, el título original), centrada en la figura de Brodie (Jorge Páez, que no acaba de dar como quinqui), un soldado preso por intentar incendiar el Ministerio de defensa con una corona de flores de la Tumba al soldado caído, el poder de las palabras, el periodismo y el activismo político (con un discurso un poco reaccionario para principios de los 80 cuando se estrenó la obra en Londres, pero que hoy día no extraña a nadie). Aunque de lo que mejor habla la obra es del amor, de la infidelidad y del teatro. Y de la función del arte y los intelectuales. Es muy gracioso que al dramaturgo sólo le guste el pop “de lo peor” y que no entienda de música clásica, cosa que da lugar a algunos de los mejores gags de la obra.



Yo hubiera recortado la escena de la hija, que no añade mucho, para rebajar un poco las dos horas de duelo de frases “punch line”. Los otros dos actores, bien, sobre todo Juan Codina. La escenografía, chula, con el juego de los cubos. Ya digo, para mi gusto, los actores no acaban de dominar el texto. En fin, espero volver a verla esta semana con Becky para ver si lo del otro día fue un problema de los nervios del estreno.

PD: La conferencia de Tom Stoppard de hoy por la mañana, delirante. Con Homar, Cámara y Alberto San Juan en primera fila babeando para les den un papel en “La costa de la utopía”, la obra de 8 horas de Stoppard con la que Gerardo Vera se despide por fin del CDN el año que viene. No quiero pecar de reaccionario, pero ante espectáculos así, el teatro subvencionado debería estar prohibido. Y el público haciendo unas preguntas de vergüenza ajena y una intérprete graciosísima con una voz/dicción idéntica a la de Alaska. En fin, mañana hablaré de la conferencia de David Hare, el otro gran dramaturgo británico que nos ha visitado esta semana, que esa sí que fue una lección de teatro en toda la regla.

PD2: Buscando las fotos para el artículo, he flipado con esta noticia resumen de lo que hemos visto esta mañana. Qué fuerte es el periodismo: un batiburrillo de todo lo que ha dicho la intérprete (que no siempre acertaba), las preguntas imposibles de los asistentes y las respuestas de un apurado Stoppard que daba aún más apuro las pocas ganas que tenía que hablar, con citas entrecomilladas de cosas que no se han dicho. Chendo, vas a fli-par. Desde luego, toda una lección sobre LA REALIDAD, LO AUTÉNTICO Y LO VEROSÍMIL. Una vez más, la vida imita al arte.

http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5grDCSUckdqZ23kcrCo0pKoIZzxgA

miércoles, 27 de enero de 2010

Quartet

"Quartet" es una obra que Heiner Müller canibalizó de "Las amistades peligrosas" de Laclos. En el Lliure la hicieron Lluís Homar y Anna Lizarán. Pladur la adaptó a su particular Barroco (con la Portillo y Etxeandía), pero no sé ni por qué lo comento.



"M'obriré les venes com si obrís un llibre encara per llegir. Vós aprendreu a llegir-lo, Valmont, després de mi. Ho faré amb unes tisores, perquè sóc una dona. A cada ofici el seu humor. Amb la meva sang, tindreu el maquillatge per a una nova màscara grotesca. Buscaré a través de la meva carn un camí cap al meu cor. El camí que vós no heu trobat, Valmont, perquè sou un home, és buit el vostre pit i en vós només creix el no-res."


jueves, 21 de enero de 2010

La vida en un hilo

Cuando comenté en este blog de “Plan diabólico” de John Frankenheimer ya hablé de las películas que tratan sobre el destino y la suerte: Qué bello es vivir (Frank Capra), La vida en un hilo (Edgar Neville), Una mujer bajo la lluvia (Gerardo Vera, remake de la anterior), Dos vidas en un instante (Howitt, cuasi-remake de la misma también), La doble vida de Verónica y El tren de la vida (las dos de Kieslowsky), Melinda y Melinda (Woody Allen), Smoking/No Smoking (Alain Resnais) o Uncertainty (Scott McGehee). Es lo que en inglés se llaman películas “what-if”, que aquí podrían ser películas “isi”: ¿y si en vez de este restaurante hubiésemos ido al otro? ¿y si me hubiese quedado a vivir en Barcelona? ¿y si me hubiese matriculado en Traductores en vez de en Físicas? ¿y si en vez de casarme con este me hubiera casado con el otro?

He vuelto a ver “La vida en un hilo” de Edgar Neville (1945) y a leer la obra de teatro que escribió el propio Neville 15 años más tarde basada en la película. Maravillosas las dos. Neville, que había pasado por Hollywood en 1928, importó a España esa forma de hacer cine (ligero, pero inteligente; irónico, pero comprensivo) muy en la línea de mi adorado Mitchell Leisen, con quien comparte el gusto por el glamour y la frivolidad.




El argumento es sencillo: Mercedes, una chica cosmopolita y divertida, “la felicidad en el hogar de sus padres”, se casa con Ramón, un muchacho del Norte honrado, bueno, trabajador, muy rico y de buena familia, pero triste, pretencioso y solemne “que lleva en él el germen del aburrimiento”.

(Acotación: se quejan los que sufren el tabaquismo pasivo, pero como bien dicen en Absolutely Fabulous, la maravillosa serie inglesa de la que terminado de ver esta semana sus tres temporadas, ¿qué hay de los que sufren de aburrimiento pasivo por culpa de su pareja?).

Mercedes se casa porque es joven y “se cree que esas cosas tienen arreglo y que los pelmazos no son incurables”. Todos le decían que había encontrado una perla y que sería muy feliz si se casaba con él. Más tarde cambiaría de opinión, porque “siempre se disculpa al pelmazo diciendo que, en cambio, es bueno, y no suele ser verdad; a lo largo de la vida te ha hecho más daño con su aburrimiento que un asesino”. Porque para ser bueno no basta con comprarle una camiseta a un pobre. La bondad no se compra.




Un buen día Ramón muere por dormir con la ventana abierta y aquí empieza la película, con Mercedes mudándose de nuevo a Madrid a empezar una nueva vida, engañando a las tías del pueblo diciendo que se va muy apenada en el andén de la estación. Este principio lo plagiaron en “La graduada” de Lina Morgan, que también vi hace poco. En el compartimento del tren le toca una señora gordita muy graciosa que trabaja en el circo. Un personaje que ya le hubiera gustado escribir a Woody Allen. Tomasita, que así se llama, le dice a Mercedes que puede ver su pasado, pero no el que ha vivido, sino un pasado potencial, el que podría haber vivido si un día hubiera mirado para un lado en vez de al otro:

“… la vida de las personas, como el alma, está en un hilo; casi siempre depende del azar, y a todos nos llega un momento en la vida en que hemos de dudar entre dos o más caminos: no sabemos cuál es el que vamos a seguir, cuál es el que nos conviene más, hasta que escogemos uno”.

Porque el día que conoció a Ramón en una floristería también conoció a Miguel, un escultor simpático y generoso, un salao, “que tenía el germen de su felicidad”, pero se fue con el primero y no con el otro. Y le empieza a contar la vida que hubiera llevado con Miguel, que se simultanea con la que llevó con Ramón, en un montaje muy divertido que alcanza la genialidad en la escena de la sala de baile de la capital, que no tiene nada que envidiar al Club 21 de Nueva York de los años cuarenta. En fin, que se pasan el viaje en tren hablando de hombres y de la risa, que es de lo único que se debería hablar en los trenes, con frases brillantes como: “había acudido al único remedio que tienen las mujeres para dominarse las ganas de tirarse por la ventana, que es compararse un vestido nuevo” (recuerdo que hace poco hice yo lo mismo con unos botines de Prada). Y cuando llega a Madrid se despiden y por “casualidad” Mercedes se encuentra con Miguel y ahí termina, diciéndole aquello de “I’d be surpriselingly good for you”, que es como a mí me gusta que empiece una buena historia.




La obra de teatro recorta bastante. Para empezar no sale el tren, que en la película funciona de maravilla. También recortan la historia del abrigo de visón, que a mí me parece super-romántica y todo un homenaje a “Una chica afortunada” de Leisen. El personaje de Tomasita no es tan telúrico como en la película y, en general, pesa más la opresión de la provincia que la libertad de la gran ciudad, pero bueno, el espíritu es el mismo, pura High Comedy. Lo que sí añaden es un tercer acto a modo de epílogo alargando el encuentro de Mercedes y Miguel. Pero es lo que tiene la estructura dramática.

Moraleja: cuando ligues en un bar, mira a los dos lados antes de irte a su casa, porque puede que te dejes el germen de tu felicidad atrás. De todas formas, según Mercedes: “No puedes torcer el curso del destino. Sólo se retrasa a veces, pero inexorablemente hace aquello para lo que estás destinado”. Claro que ella es una chica afortunada. Le daría yo unas cuantas clases de destino trágico à la Lorca. Bs.

martes, 19 de enero de 2010

La literatura del rencor

"Creí que la vida iba a ser una comedia brillante y tú uno de sus más agraciados personajes, pero descubrí que era una tragedia repugnante y horrible".

"Los dioses son extraños. No se sirven sólo de nuestros vicios para flagelarnos. Nos llevan a la ruina por medio de lo que en nosotros es bueno, amable, humano, tierno. Si no hubiera sido por la compasión y el afecto por ti y los tuyos (lo tuyo), ahora no estaría llorando en este lugar terrible".

Oscar Wilde (De Profundis)

viernes, 15 de enero de 2010

Comedias románticas II

I'm back, daaaaarlin, I'm back...



Esta semana he visto un par de comedias románticas: Up in the air (aunque esté nominada al Globo a mejor drama) y No es tan fácil. Las dos me gustaron, un poco más la de Clooney (que deberían haberla llamado "Sola com una mussola…"), pero es que las opciones de la segunda (Baldwin o Martin) son un poco fuertes. Las dos tienen en común el cambio de roles: ahora las mujeres son las que eligen, las que son infieles, “promiscuas”, aunque siga tocándoles ponerse a los fogones.

Es curioso cómo aumenta cada vez más la edad de los protagonistas de las comedias románticas. Creo que las nuevas generaciones no creen en las historias de amor contadas en el cine. Prefieren que se las cuenten en el Twitter. Economía de medios.

Yo me temo que sigo creyendo en el paradigma clásico. Tengo que hacer su homenaje a Rohmer (mi otro gran educador sentimental, que en paz descanse), cuando hablaba en Mi noche con Maud de la apuesta pascaliana (en la película se aplicaba al cristianismo: donde tú dices Dios, yo digo amor). Me autocitaré por para no repetirme:

“En el fondo, dudo muchísimo de que exista el amor. No obstante, apuesto por él y me encuentro en la situación pascaliana. Hipótesis A: el amor no existe, por lo que debes ser menos exigente y tener amantes. Hipótesis B: el amor existe y vale la pena seguir buscándolo (22 positions in a one-night stand, que cantaba Prince). Yo creo que la hipótesis B tiene muchas menos probabilidades de ser cierta que la A, pongamos un 10% frente a un 90%. Aún así, no puedo dejar de apostar por la B porque es la única que me permite vivir. Supongamos que apostara por la A y se cumpliera la B: sería un fracaso completo. Por lo tanto, debo elegir la B porque es la única que justifica mi vida y mis acciones, ya que el beneficio es infinito.”

Pues sí, después de caer toca levantarse, como Giulietta Masina en Las noches de Cabiria. Aunque sea para que te tiren de nuevo por el puente.

Y todo esto con un rollo de carne relleno en la nevera, la promesa de un vino, mucha copla y salir a quemar las naves (porque la retirada es imposible). Sí, ya sé que no aprendo, pero qué puedo decir: me encantan los viernes.

2017: tibio y desafecto

Ay, que ya nadie se acuerda de 2017. Aquí va mi resumen: Lo mejor del año  * La frase de "Juego de Tronos": “Maybe it real...