domingo, 28 de octubre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
Tuitéame, tonto
Generación Twitter:
Dícese de la generación que sólo necesita 140 caracteres para definirse, opinar e informarse, espacios incluidos. Cognitus interruptus prov…
…ocado por el límite de caracteres de los SMS de los antiguos móviles. Todo un reto, no sólo para la capacidad de síntesis de las nuevas generaciones, sino para la supervivencia de algunas preposiciones, pronombres relativos, el punto y coma, el contexto y las subjuntivas en general.
Y el punto y aparte. Qué grande el punto y aparte. Qué venga-hasta-luego.
¿Que qué le reprochamos a esta generación? Que no profundizan, que se quedan en los titulares (y no solo de los periódicos, de la vida), que fingen saber más de lo que saben, que les encanta pontificar sin entrar en exégesis, que no saben leer entre líneas (porque sólo tienen dos), que odian la hermenéutica, que son superficiales de mala manera (porque para ser superficial hace falta haber profundizado antes), en definitiva, que son jóvenes.
La crítica a la razón tweet (porque twit significa imbécil, bobo, en inglés) ha sido el tema de mis penúltimas borracheras, lo que me ha acarreado más de un rapapolvo (de menos de 140 caracteres, eso sí), aparte de dejarme en las reuniones como un viejuno reaccionario que lleva fatal la edad.
Todo esto para retratar (o más bien hacer una instantánea con el móvil, como a ellos les gusta) la brecha generacional entre lo que vino llamándose Generación X y esta nueva Generación Twitter. De los baby boomers no voy a hablar, más que nada porque ellos tampoco lo hacen, para no parecer mayores (algunos hasta tienen página en Twitter). Más de un baby boomer me ha lanzado una mirada de reproche donde se podía leer: te estás delatando. Cuando el único delito que quiero denunciar, si el no pensar es algo punible en estos tiempos de paños calientes, es el de estos haikus-wannabes. Pero quizás sea mejor que termine de exponer el caso, mi señoría.
El otro día estaba terminando “Covering McKellen” (porque un libro no es algo que se descarga, es algo que se arruga), creo que ya lo comenté, sobre un actor viejo y reaccionario que sale de gira haciendo de sustituto de Ian McKellen en King Lear y no soporta a la nueva hornada actores, cuando me encuentro con lo siguiente, que él extrae de un artículo de periódico:
“Those born after 1982 are seen by employers as unrealistic, self-centered, fickle and greedy, with a massively over-inflated opinion of their own abilities. They expect everything to fall into their laps and, chances are, they will be cruelly disappointed”.
Toma castaña. Lo he dejado para el final porque a estas alturas de líneas ya sería para tuitearlo que alguien de esa generación continuara leyendo. No voy a desgranar aquí las conclusiones regadas por el alcohol a las que hemos llegado (no los nombraré, pero I’m not the only old reactionary), aunque sí las premisas: la culpa de todo la tiene Internet (por no decir la LOGSE y sus padres). Pero bueno, dejémoslo en que han recibido la información muy fragmentada y a espuertas. La Generación X fuimos los primeros en beneficiarnos de la red, pero teníamos impresos a golpe de colleja lo que cuesta conseguir las cosas (la información, entre otras) como para no apreciarlas. Seguiría hablando pero me están dando ganas de beber para soltar la lengua y son sólo las 11 de la mañana.
(Es un post que llevaba tiempo postergando para no echarme años encima, pero los 255 caracteres de ese artículo de periódico no podían explicarlo mejor que un vídeo autoeditado por Winona Ryder en Reality Bites).
Dícese de la generación que sólo necesita 140 caracteres para definirse, opinar e informarse, espacios incluidos. Cognitus interruptus prov…
…ocado por el límite de caracteres de los SMS de los antiguos móviles. Todo un reto, no sólo para la capacidad de síntesis de las nuevas generaciones, sino para la supervivencia de algunas preposiciones, pronombres relativos, el punto y coma, el contexto y las subjuntivas en general.
Y el punto y aparte. Qué grande el punto y aparte. Qué venga-hasta-luego.
¿Que qué le reprochamos a esta generación? Que no profundizan, que se quedan en los titulares (y no solo de los periódicos, de la vida), que fingen saber más de lo que saben, que les encanta pontificar sin entrar en exégesis, que no saben leer entre líneas (porque sólo tienen dos), que odian la hermenéutica, que son superficiales de mala manera (porque para ser superficial hace falta haber profundizado antes), en definitiva, que son jóvenes.
La crítica a la razón tweet (porque twit significa imbécil, bobo, en inglés) ha sido el tema de mis penúltimas borracheras, lo que me ha acarreado más de un rapapolvo (de menos de 140 caracteres, eso sí), aparte de dejarme en las reuniones como un viejuno reaccionario que lleva fatal la edad.
Todo esto para retratar (o más bien hacer una instantánea con el móvil, como a ellos les gusta) la brecha generacional entre lo que vino llamándose Generación X y esta nueva Generación Twitter. De los baby boomers no voy a hablar, más que nada porque ellos tampoco lo hacen, para no parecer mayores (algunos hasta tienen página en Twitter). Más de un baby boomer me ha lanzado una mirada de reproche donde se podía leer: te estás delatando. Cuando el único delito que quiero denunciar, si el no pensar es algo punible en estos tiempos de paños calientes, es el de estos haikus-wannabes. Pero quizás sea mejor que termine de exponer el caso, mi señoría.
El otro día estaba terminando “Covering McKellen” (porque un libro no es algo que se descarga, es algo que se arruga), creo que ya lo comenté, sobre un actor viejo y reaccionario que sale de gira haciendo de sustituto de Ian McKellen en King Lear y no soporta a la nueva hornada actores, cuando me encuentro con lo siguiente, que él extrae de un artículo de periódico:
“Those born after 1982 are seen by employers as unrealistic, self-centered, fickle and greedy, with a massively over-inflated opinion of their own abilities. They expect everything to fall into their laps and, chances are, they will be cruelly disappointed”.
Toma castaña. Lo he dejado para el final porque a estas alturas de líneas ya sería para tuitearlo que alguien de esa generación continuara leyendo. No voy a desgranar aquí las conclusiones regadas por el alcohol a las que hemos llegado (no los nombraré, pero I’m not the only old reactionary), aunque sí las premisas: la culpa de todo la tiene Internet (por no decir la LOGSE y sus padres). Pero bueno, dejémoslo en que han recibido la información muy fragmentada y a espuertas. La Generación X fuimos los primeros en beneficiarnos de la red, pero teníamos impresos a golpe de colleja lo que cuesta conseguir las cosas (la información, entre otras) como para no apreciarlas. Seguiría hablando pero me están dando ganas de beber para soltar la lengua y son sólo las 11 de la mañana.
(Es un post que llevaba tiempo postergando para no echarme años encima, pero los 255 caracteres de ese artículo de periódico no podían explicarlo mejor que un vídeo autoeditado por Winona Ryder en Reality Bites).
sábado, 6 de octubre de 2012
Los beneficios del chándal
"¿Por qué tengo que vivir? ¿Para decidir qué ropa ponerme? Y cuando lo hago, ¿qué es lo que me espera?"
Las amigas, Antonioni
* No es ninguna boutade decir que Sam Mendes, el niño mimado del teatro inglés, se está jugando el título de Sir en la próxima película de James Bond, Skyfall, que esperamos que no sea el bluff que ha resultado la canción homónima de Adele. Aunque no sé por qué me da que últimamente está más por impresionar a su one-day-to-be-father-in-law, Sir Peter Hall (exdirector de la Royal Shakespeare Company y el National Theater, padre de Rebeca Hall, 17 años his younger) que a su cachonda majestad.
* Si, como dice Canetti, la ética del anciano es su salud, la del joven sería el desafío de esta.
* Me quedo de piedra al conocer el caso del niño de Palma (suena a torero) que quería hacer estragos en la Universitat balear. Aparte de lo surrealista de la noticia en El País (declaraciones de su bibliotecario y su peluquero, ni una palabra de la familia), estoy considerando seriamente cambiar de trabajo y dedicarme al póker en Internet (¿21 años, un mes independizado y 7000 euros en el banco ganados en timbas? That's what I call a what the fuck).
* No es que me haya caído del caballo como San Pablo estos días en el pueblo, pero hoy debo confesar que he descubierto algo que antes nunca hubiera admitido fuera de la palestra: los beneficios del chándal.
* Por último, reivindicar la figura de los dos policías de Cerdanyola. Hay que tener mucho aaaaaaaaaarte para elegir esa canción, mover el culo con uniforme y elegir una carretera desierta para grabarte. Lástima el tufillo homófobo de la ceja levantada con que todo el mundo ha recibido la noticia, incluidos los rumores de que ha sido la mujer del calvo la que ha colgado el vídeo. Por favor, ¿qué preferimos, cargas policiales, robos de cocaína o coreografías de Mama Lover?
miércoles, 3 de octubre de 2012
Ahora elijo yo las canciones
Ya no cojo taxis. Eran muchos al día y tampoco tengo ninguna prisa por llegar a mi destino. Ahora voy andando a todas partes, a paso Londres, de zancada larga, con los cascos a todo volumen. Ahora elijo yo las canciones.
lunes, 1 de octubre de 2012
Le di caza al alcance
En el asiento de atrás de un taxi en Málaga, el conductor fumando, con la radio a todo volumen:
jueves, 20 de septiembre de 2012
And now despise me if you dare
• Lo de titular con una cita de Orgullo y prejucio, concretamente la frase que le suelta la protagonista a Darcy cuando éste se niega a bailar con ella en la primera fiesta, es porque pienso decírselo a algún hombre este fin de semana en la boda de Eva.
• Aunque servidor en Antequera es puro Parménides: ex nihilo nihil fit, o lo que es lo mismo, de la nada, nada se saca. Lo cual me lleva de nuevo a Lear, cuando le dice a Cordelia “Nothing will come of nothing” después del famoso Nothing de Cordelia. Aunque ya se me ha pasado el arroz (o más bien me he pasado con el arroz) para hacer de Cordelia: las actrices que interpretan a Cordelia deben estar muy delgadas, porque Lear tiene que llevarla en brazos cuando muere. No sé si Eva recordará que vimos un Lear de Gerardo Vera en el Valle Inclán, seguro que sí.
• Eva siempre dice que siempre la animaba a quedarse en Madrid cuando le entraban las dudas, como en la canción de Mecano. Lo cierto es que el Madrid que yo conocía de los noventa, aparte de la Sastrería, el Star’s, la Angels of Xenon, el Refugio y algunos antros de travestis, siempre me lo presentó ella.
• “Los días felices los pone allí el recuerdo. Por eso son tan tristes” escribe Sánchez Ferlosio.
• Hay un ensayo de Michael Ignatieff donde afirma que preguntarse de qué va Lear equivale a preguntarse de qué va la vida, que la respuesta varía según en qué momento estemos. Se supone que cuando somos jóvenes empatizamos con Lear porque nos sentimos unos hijos desagradecidos y, a medida que pasan los años, empezamos a entender a los hijos y a ver cómo Lear es un hombre violento que no ha sabido entender a los suyos ni sabe aceptar la edad. A mí me pasa lo mismo con Historias de Filadelfia, mi película favorita de bodas. Cuando era un niño, sólo me faltaba el vestido de puntilla para ser la hermana pequeña (Nothing ever possibly in the least ever happens here), luego empecé a identificarme con los pretendientes y más tarde con la novia. Con los años he acabado sintiéndome como la fotógrafa (I don’t hate anybody, I’m just a photographer) y me temo que acabaré como el tío Willie (espero no empezar este fin de semana cogiéndole el culo a nadie).
• Bueno, cariño, supongo que estarás muy liada para leer estas líneas, but I wish u all the best.
• Aunque servidor en Antequera es puro Parménides: ex nihilo nihil fit, o lo que es lo mismo, de la nada, nada se saca. Lo cual me lleva de nuevo a Lear, cuando le dice a Cordelia “Nothing will come of nothing” después del famoso Nothing de Cordelia. Aunque ya se me ha pasado el arroz (o más bien me he pasado con el arroz) para hacer de Cordelia: las actrices que interpretan a Cordelia deben estar muy delgadas, porque Lear tiene que llevarla en brazos cuando muere. No sé si Eva recordará que vimos un Lear de Gerardo Vera en el Valle Inclán, seguro que sí.
• Eva siempre dice que siempre la animaba a quedarse en Madrid cuando le entraban las dudas, como en la canción de Mecano. Lo cierto es que el Madrid que yo conocía de los noventa, aparte de la Sastrería, el Star’s, la Angels of Xenon, el Refugio y algunos antros de travestis, siempre me lo presentó ella.
• “Los días felices los pone allí el recuerdo. Por eso son tan tristes” escribe Sánchez Ferlosio.
• Hay un ensayo de Michael Ignatieff donde afirma que preguntarse de qué va Lear equivale a preguntarse de qué va la vida, que la respuesta varía según en qué momento estemos. Se supone que cuando somos jóvenes empatizamos con Lear porque nos sentimos unos hijos desagradecidos y, a medida que pasan los años, empezamos a entender a los hijos y a ver cómo Lear es un hombre violento que no ha sabido entender a los suyos ni sabe aceptar la edad. A mí me pasa lo mismo con Historias de Filadelfia, mi película favorita de bodas. Cuando era un niño, sólo me faltaba el vestido de puntilla para ser la hermana pequeña (Nothing ever possibly in the least ever happens here), luego empecé a identificarme con los pretendientes y más tarde con la novia. Con los años he acabado sintiéndome como la fotógrafa (I don’t hate anybody, I’m just a photographer) y me temo que acabaré como el tío Willie (espero no empezar este fin de semana cogiéndole el culo a nadie).
• Bueno, cariño, supongo que estarás muy liada para leer estas líneas, but I wish u all the best.
sábado, 15 de septiembre de 2012
This is the winter of our discount tan
“Hemos de obedecer al peso de este triste tiempo, y decir lo que sentimos y no lo que deberíamos decir. El más anciano es el que más ha soportado; nosotros, los jóvenes, jamás veremos tanto ni viviremos tanto tiempo”. (El duque de Albany al final de Rey Lear)
• This is the winter of our discount tan. Es lo primero que leo al poco de aterrizar. Un país que hace de una cita de Shakespeare un anuncio de descuento de bronceado es de amar (a pesar del bloody weather, lo lejos que está todo y ser expertos en especulación). Más tarde, descubriré en la calle de mi hermano una tienda de bronceado puerta con puerta con una funeraria. La máquina de rayos UVA expuesta en el escaparate parece un ataúd de neón o la cama de un vampiro suicida.
• Un país donde para anunciar un bolso dicen: “a leather brand so grand it makes our eyes feel socially inferior when we look at it”. Resulta cuanto menos curioso que luego, por ejemplo, a los críticos de gastronomía del Independent y el Guardian les parezca un dispendio gastarse 100 pounds por cabeza en el mejor restaurante de Londres y lo comenten. Contrastes, cariño, contrastes.
• No será el Gloucester de Ricardo III con su descontento invierno, sino otro Gloucester, el de Rey Lear, quien me persiga desde entonces. Todo empezó con las citas a Shakespeare en Margaret, la película, seguido de un magnífico artículo de Ordóñez que me envió mi hermano (http://blogs.elpais.com/bulevares-perifericos/2012/01/shakespeare-co-gloucester-despues-de-la-caida.html), un libro sobre una representación de Lear de la Royal Shakespeare Company (Covering McKellen, by David Weston) que compré en el National y un capítulo dedicado a Lear en el libro de hermenéutica de Robert Jauss, donde se analiza la recepción de Lear de Herder, Goethe, Heguel, Balzac, Tolstoi, Shaw hasta el New Historicism. De lo poco que entiendo este libro, me encanta la teoría de que el tema en Lear no es la ingratitud de los hijos, sino el miedo a ser amado, “la vergüenza, el temor a dejarse reconocer por otros (his terror of being loved, of needing love)”. “For some spirits to be loved knowing you cannot return that love is the most radical of tortures”. No, si ahora va a resultar que Lear es un romántico.
• Hablando de romanticismos, no os perdáis “The deep blue sea”, de Terence Davis. Ingleses pretending to have feelings, or even pretending to play to have feelings. Lo de este país con el verbo to play no es normal. Ellos todo lo play (interpretan, juegan, representan). En los chats, no dicen No pluma, dicen Straight acting. Siempre dan por sentado que hay que actuar. En eso me encantan.
• Continuando con el teatro, mi adorado Tom Stoppard firma el guión de Parade’s End, la nueva serie à la Downtown Abbey, y de Anna Karenina, la nueva peli de la Knightley y el it-boy del momento, Aaron Johnson. Quién fuera Sam Taylor-Wood.
• Mucho teatro, mucho teatro, pero luego la prensa no tiene sección de cartelera. Y no será por ahorrar papel. Otra de las cosas que me encantan es la cantidad de prensa impresa que tienen (y la calidad).
• El señor de la tienda de vinos me dijo que los vinos españoles son “a great value”, o lo que es lo mismo, que tienen una gran RCP (relación calidad precio). Otros lugares comunes es que nuestros tintos son mejores que nuestros blancos. Los que ellos ofrecen en los supermercados son bastante malos, regardless of colour.
• El otro día comentaba que se llevan las mantas, pero no los manteles. En los restaurantes (notwithstanding the Michelin stars), brillan por su ausencia y por el fli-fli del aerosol con el que limpian las mesas antes de montarlas.
• Termino con una crítica a los deportistas olímpicos, no sólo a los ingleses. Mucho ejemplo de superación, mucha lucha y mucha deportividad, pero cultura gastronómica, poquita. Después de pasarse meses a base de frutos secos, semillas, leche de kamut y blended chicken (una porquería de puré de pollo cocido), era ganar la medalla y lanzarse en bandada a las cadenas de fast-food a comer hamburguesas. ¿Dónde estabas, Jamie Oliver?
• This is the winter of our discount tan. Es lo primero que leo al poco de aterrizar. Un país que hace de una cita de Shakespeare un anuncio de descuento de bronceado es de amar (a pesar del bloody weather, lo lejos que está todo y ser expertos en especulación). Más tarde, descubriré en la calle de mi hermano una tienda de bronceado puerta con puerta con una funeraria. La máquina de rayos UVA expuesta en el escaparate parece un ataúd de neón o la cama de un vampiro suicida.
• Un país donde para anunciar un bolso dicen: “a leather brand so grand it makes our eyes feel socially inferior when we look at it”. Resulta cuanto menos curioso que luego, por ejemplo, a los críticos de gastronomía del Independent y el Guardian les parezca un dispendio gastarse 100 pounds por cabeza en el mejor restaurante de Londres y lo comenten. Contrastes, cariño, contrastes.
• No será el Gloucester de Ricardo III con su descontento invierno, sino otro Gloucester, el de Rey Lear, quien me persiga desde entonces. Todo empezó con las citas a Shakespeare en Margaret, la película, seguido de un magnífico artículo de Ordóñez que me envió mi hermano (http://blogs.elpais.com/bulevares-perifericos/2012/01/shakespeare-co-gloucester-despues-de-la-caida.html), un libro sobre una representación de Lear de la Royal Shakespeare Company (Covering McKellen, by David Weston) que compré en el National y un capítulo dedicado a Lear en el libro de hermenéutica de Robert Jauss, donde se analiza la recepción de Lear de Herder, Goethe, Heguel, Balzac, Tolstoi, Shaw hasta el New Historicism. De lo poco que entiendo este libro, me encanta la teoría de que el tema en Lear no es la ingratitud de los hijos, sino el miedo a ser amado, “la vergüenza, el temor a dejarse reconocer por otros (his terror of being loved, of needing love)”. “For some spirits to be loved knowing you cannot return that love is the most radical of tortures”. No, si ahora va a resultar que Lear es un romántico.
• Hablando de romanticismos, no os perdáis “The deep blue sea”, de Terence Davis. Ingleses pretending to have feelings, or even pretending to play to have feelings. Lo de este país con el verbo to play no es normal. Ellos todo lo play (interpretan, juegan, representan). En los chats, no dicen No pluma, dicen Straight acting. Siempre dan por sentado que hay que actuar. En eso me encantan.
• Continuando con el teatro, mi adorado Tom Stoppard firma el guión de Parade’s End, la nueva serie à la Downtown Abbey, y de Anna Karenina, la nueva peli de la Knightley y el it-boy del momento, Aaron Johnson. Quién fuera Sam Taylor-Wood.
• Mucho teatro, mucho teatro, pero luego la prensa no tiene sección de cartelera. Y no será por ahorrar papel. Otra de las cosas que me encantan es la cantidad de prensa impresa que tienen (y la calidad).
• El señor de la tienda de vinos me dijo que los vinos españoles son “a great value”, o lo que es lo mismo, que tienen una gran RCP (relación calidad precio). Otros lugares comunes es que nuestros tintos son mejores que nuestros blancos. Los que ellos ofrecen en los supermercados son bastante malos, regardless of colour.
• El otro día comentaba que se llevan las mantas, pero no los manteles. En los restaurantes (notwithstanding the Michelin stars), brillan por su ausencia y por el fli-fli del aerosol con el que limpian las mesas antes de montarlas.
• Termino con una crítica a los deportistas olímpicos, no sólo a los ingleses. Mucho ejemplo de superación, mucha lucha y mucha deportividad, pero cultura gastronómica, poquita. Después de pasarse meses a base de frutos secos, semillas, leche de kamut y blended chicken (una porquería de puré de pollo cocido), era ganar la medalla y lanzarse en bandada a las cadenas de fast-food a comer hamburguesas. ¿Dónde estabas, Jamie Oliver?
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