También conocida como la dieta Nueva rica, la dieta Exquisiteces, la dieta La Chunga, la dieta Yugo, la dieta Outlet, la dieta Merkel o la dieta ¿Dónde estoy?
Es una dieta que parte de las enseñanzas de otras dietas, como la Atkins, la Dukan o la Pibón, pero con una filosofía muy de nueva rica rusa. La duración depende de lo rusa que seas y los kilos que quieras perder.
1) Pero vamos a empezar por lo que debería empezar cualquier dieta: la moda. Esta es una dieta ideal tanto si quieres ir vintage como Versace. Paradójicamente, es una dieta muy Merkel, porque permite aprovechar al máximo tu armario y recuperar esas prendas que pensabas que ya nunca más podrías ponerte. Busca esos shorts blancos de tiro alto de D&G o esa camiseta de licra negra de Versace que te compraste en un outlet antes de que explotara la burbuja y que todavía no has estrenado y te los pones para andar por casa, por supuesto, descalza. Como decía Dionisio Areopagita, los pies descalzos significan “desprendimiento, liberación, independencia y purificación de toda exterioridad”. Aparte, te evita la molestia de tener que descalzarte cada vez que te subas a la báscula. Porque otra de las características de esta dieta es que tienes que estar todo el día subida en la báscula. Piénsalo de esta forma: tiempo que estás en la báscula, tiempo que no estás delante de la nevera.
2) Lo siguiente es decidir cuántos kilos quieres perder. No te cortes, piensa siempre en las palabras de San Juan de la Cruz: “Mi yugo es suave y mi carga ligera”. Básicamente tienes que elegir tu Yugo, que funcionará a modo de peso bisagra: por encima de él, estarás castigada y no podrás desayunar, coger el ascensor ni cenar el domingo. Lo sensato es elegir un peso factible, digamos aquel que permita a tu hombre ideal levantarte en volandas como si fueras el Rey León. Por cierto, se recomienda poner una foto de tu Mufasa particular pegada a la nevera con cara de cierto desdén.
3) Es preferible tirar por la ventana esos platos palangana XL de restaurante de diseño de los noventa y hacerte con una vajilla de Zara Home Kids. Tus raciones deben ser minimalistas, pero no parecerlo.
4) La base de esta dieta es el efecto saciante. Por ejemplo, hay que sustituir cuatro comidas a la semana por dos tomates aliñados. Pues bien, esos tomates tienen que ser ecológicos de huerto, porque si no, no hay quien llegue a la noche con dos insípidos tomates transgénicos. Puedes aliñarlos con todo el aceite que quieras, eso sí, de primera prensada. Lo ideal es sustituir las cenas y no las comidas, pero a servidora le resulta muy triste ponerse enfrente de dos tomates por la noche, después de una merkeliana jornada laboral, por muy felices que se hayan criado, como insiste la dependienta de mi frutería ecológica que, para colmo, se parece a la cantante de Chambao.
5) El resto de comidas, lo de siempre: carbos al medio día, proteínas por la noche. Pero recuerda, que sean saciantes. Recomiendo roast beef con salsa en su jugo, vieiras con judías, sopa castellana, Steak Tartar (cuidado, se pronuncia /steik/: aunque seas una gorda absurda, que se note que tienes mundo), sashimi de toro de atún, anchoas con salmorejo, espárragos a la plancha, nueces con parmesano… Son alimentos saciantes que fomentan la sensación de umami, lo que permite reducir las raciones, además de ser buenísimos para el esmalte de los dientes porque aumentan la salivación.
6) Los fines de semana, se recomienda ir a tu tienda delicatessen favorita (o de exquisiteces, como las llama mi madre) y dejarte la visa. Lo último son las catas de jamón ibérico de bellota pata negra. Después, tienes que salir a bailar, a beber y a fumar como si no hubiera un mañana. Os dejo un vídeo con algunas de mis últimas rutinas.
Si a la mañana siguiente te despiertas y no sabes donde estás, es señal de que lo has dado todo. Vas por el buen camino.
8) Como todas las dietas, desgraciadamente tiene efecto yo-yo, aunque ahora estamos trabajando en las enseñanzas de San Juan de la Cruz sobre cómo destetar y desarrimar el paladar de las cosas del siglo. En palabras del poeta: “para que un alma llegue al estado de perfección, ordinariamente ha de pasar primero por dos maneras principales de Noches, que los espirituales llaman purgaciones o purificaciones del alma”. Básicamente, es tomar dos noches una combinación de pan y agua con glutamato monosódico en polvo y un cóctel de laxantes. Ya os contaré.
jueves, 26 de septiembre de 2013
martes, 24 de septiembre de 2013
Hipsters don't lie
Ayer me crucé con un muchacho que ni siquiera era mi tipo y me preguntó por el museo del Jamón y yo entendí el museo del Amor. Helloooooooooooou? No miento si os digo que iba con los cascos escuchando Fame, de Stars on 33, que tiene mucho falsete, pero c’mon!!!
¿Cuándo hemos pasado del “por qué Falete tiene novio y yo no” a confundir “Las Bravas de Espoz y Mina” con “te quieres casar conmigo”? Necesito que termine este veranillo del membrillo, que bajen aunque sea 4 grados. Para colmo, los partidarios de la exuberancia irracional hemos sufrido un duro revés esta semana con la victoria de Merkel en las elecciones. Más contención aún, como si no hubiera estado ya bastante yermado mi menda lerenda este estío.
Le tenía que haber cantado aquello de: “yo, que pude reinar, lo dejé por quererte ser fiel, abdiqué y perdí”. Pero mejor no hablar de abdicaciones. No os quiero aburrir con mi episodio con la cadera esta semana y mucho menos convertirme en una Arkadina de la vida, tbh. Sólo os diré que el sábado por la noche me lesioné à la Gareth Bale y acabé bailando con una cadera en Nerja y la otra en Marbella en un club de hipsters donde me he prometido no volver más hasta que llegue el Adviento.
¿Cuándo hemos pasado del “por qué Falete tiene novio y yo no” a confundir “Las Bravas de Espoz y Mina” con “te quieres casar conmigo”? Necesito que termine este veranillo del membrillo, que bajen aunque sea 4 grados. Para colmo, los partidarios de la exuberancia irracional hemos sufrido un duro revés esta semana con la victoria de Merkel en las elecciones. Más contención aún, como si no hubiera estado ya bastante yermado mi menda lerenda este estío.
Le tenía que haber cantado aquello de: “yo, que pude reinar, lo dejé por quererte ser fiel, abdiqué y perdí”. Pero mejor no hablar de abdicaciones. No os quiero aburrir con mi episodio con la cadera esta semana y mucho menos convertirme en una Arkadina de la vida, tbh. Sólo os diré que el sábado por la noche me lesioné à la Gareth Bale y acabé bailando con una cadera en Nerja y la otra en Marbella en un club de hipsters donde me he prometido no volver más hasta que llegue el Adviento.
lunes, 23 de septiembre de 2013
De campo y pueblo
En estos tiempos de Instagram, viene el hijo de Clint Eastwood y nos enseña el palmito en un reportaje náutico en la revista Town and Country que corre como la pólvora por todas las redes sociales. La revista me tiene toda la pinta de ejercicio de nostalgia derechona del Amarican Way of Life de los cincuenta, con titulares como El nuevo John Wayne. Que se tenga que meter un puro en la boca para resultar masculino no es más que otra prueba de lo blandos que se han vuelto los hombres americanos, que tienen que recurrir a actores ingleses para sus papeles más machotes (Tom Hardy, Barry Sloane, Jack Davenport). A su favor, aclarar que no ha dicho (como se escribió en El País el sábado) que no quiera ser “una de esas estrellas del pop amaneradas”, sus palabras fueron "I want to be a man's man - not a kid actor or a glitzy pop star”, que tampoco es que sea de matrícula de honor, pero bueno, glitzy tiene más que ver con el glamour y el lujo que con el amaneramiento.
Investigando he encontrado una foto del padre mucho antes de convertirse en Harry el Suicio. No es muy man's man tampoco. Quiero pensar que la culpa la tiene el bañador:
Investigando he encontrado una foto del padre mucho antes de convertirse en Harry el Suicio. No es muy man's man tampoco. Quiero pensar que la culpa la tiene el bañador:
viernes, 20 de septiembre de 2013
martes, 17 de septiembre de 2013
El canguro
Ayer estaba viendo 'El canguro (2011)', remake descarado de 'Aventuras en la gran ciudad', una de mis películas favoritas de 1987.
Jonah Hill, en su último papel de gordo (acababa de rodar Moneyball, por la que le nominaron al Oscar) interpreta a un canguro de tres niños insoportables que se internan en los peligros de la gran ciudad. Uno de los niños es un latino pirómano, la niña está obsesionada con el maquillaje y los famosos, y el otro sufre ataques de ansiedad y tiene que tomar pastillas. En una escena en el metro de NY, este último se queda mirando a una pareja gay que se hace mimos en el asiento de enfrente y entonces todos nos damos cuenta que el niño es maricón. Su canguro también se da cuenta y más adelante le da una charla sobre lo mal que lo va a pasar en el instituto y lo bien en la universidad. Creo que es la primera película dirigida a niños que incluye el despertar homosexual. Para los que nos tuvimos que conformar con el beso hetero a oscuras de Los Goonies (toda una metáfora de despertar sexual), de verdad que es un cambio.
Además, sale una de mis canciones favoritas de este mes que, de repente he descubierto que tiene dos años:
Jonah Hill, en su último papel de gordo (acababa de rodar Moneyball, por la que le nominaron al Oscar) interpreta a un canguro de tres niños insoportables que se internan en los peligros de la gran ciudad. Uno de los niños es un latino pirómano, la niña está obsesionada con el maquillaje y los famosos, y el otro sufre ataques de ansiedad y tiene que tomar pastillas. En una escena en el metro de NY, este último se queda mirando a una pareja gay que se hace mimos en el asiento de enfrente y entonces todos nos damos cuenta que el niño es maricón. Su canguro también se da cuenta y más adelante le da una charla sobre lo mal que lo va a pasar en el instituto y lo bien en la universidad. Creo que es la primera película dirigida a niños que incluye el despertar homosexual. Para los que nos tuvimos que conformar con el beso hetero a oscuras de Los Goonies (toda una metáfora de despertar sexual), de verdad que es un cambio.
Además, sale una de mis canciones favoritas de este mes que, de repente he descubierto que tiene dos años:
viernes, 13 de septiembre de 2013
miércoles, 11 de septiembre de 2013
¿Nos hemos enamorado por encima de nuestras posibilidades?
Anoche estaba viendo otra vez “Sweet Home Alabama” cuando, de repente, tuve una revelación: la comedia romántica ha muerto.
Patrick Dempsey (que lleva romcom grabado a fuego en la frente) cierra Tiffany’s en Nueva York con veinte dependientes dentro con cara de hienas para proponerle matrimonio a Reese Witherspoon. Fue entonces cuando cristalizó la idea al mismo tiempo que el pedrusco en la mano de ella: ¿qué hombre* se atreve ahora a cerrarte un Tiffany’s, para que le investiguen después sus cuentas en el extranjero? Y quien dice cerrarte una joyería, dice unas vacaciones en las Seychelles o una cena en El Celler de Can Roca.
Como decían en "Laberinto de Pasiones": sin dinero, nena, no coche, no chica, no tate, no vicio, no rímel.
¿Cómo no se me había ocurrido antes asociar la comedia romántica con la burbuja inmobiliaria? Si lo piensas bien, las dos nacieron al mismo tiempo. Últimamente nos han querido vender “Tú y yo”, “Desayuno con diamantes”, “Vacaciones en Roma”, “El apartamento”, “Descalzos por el parque”, “Tal como éramos” o “Annie Hall” como comedias románticas, pero cualquiera con conocimientos básicos en la historia del cine te puede desmontar esa teoría.
Los inicios de la romcom as we know it se pueden fechar en “Cuando Harry encontró a Sally” (1989), que no es una comedia romántica propiamente dicha, pero presentó a la que fue sin duda la primera reina del género, Meg Ryan. Curiosamente, se hizo famosa por fingir un orgasmo en la película, todo un bautizo que se abre a multitud de interpretaciones:
1) Marxista: si las comedias románticas estuvieran destinadas a reimplantar la idea del amor romántico del XIX para fomentar la compra de casas por parte de las parejas (cosa que mi estilo vistiendo me impide afirmar categóricamente), el orgasmo fingido de Meg (que ningún hombre pudo olvidar por muy inocente que se mostrara en películas posteriores) sería el símbolo de la capitalización del erotismo de la mujer que es capaz de fingir un orgasmo (y, por lo tanto, de fingir el amor, pues sexo y amor nunca van separados aquí) para conseguir un techo.
2) Quijotesca: si la mujer es capaz de fingir sexo y amor, es consciente de que el género (el cinematográfico y el femenino) es una farsa y lo utiliza como escapismo, a la manera que el hombre utilizaría las películas de acción (con el riesgo para las solteras de larga duración de llegar a creerse demasiado esas historias y confundir molinos con príncipes azules).
3) Serendípica: la coincidencia de ese orgasmo con el inicio de la burbuja inmobiliaria sería lo que los ingleses llaman una coincidencia feliz, como también sería una casualidad que coincida con el nacimiento de Internet (y con ella, el mayor acceso al porno por parte de los hombres en la historia de la humanidad). De hecho, una de las características principales de la comedia romántica es la serendipia.
Puede que ninguna de estas teorías sea cierta, pero desde que explotó la burbuja en 2007, la comedia romántica empezó a sufrir un descenso progresivo en la calidad de las estrellas, los guiones y la dirección. ¿Dónde están las nuevas "Notting Hill", "Algo para recordar", "Serendipity", "Sucedió en Manhattan", "Love Actually", "La boda de mi mejor amigo", "El diario de Bridget Jones", "Sólo tú" o "Hitch"?
Me atrevería a marcar su ocaso con “Qué les pasa a los hombres” (2009), metacomedia romántica ("He's not that into you", su título en inglés) que desmonta las claves del género, burlándose precisamente de su lado quijotesco (todavía no ha salido ninguna que se burle desde una óptica marxista: a todos nos da pudor relacionar amor con dinero). Lo que vino después (“500 días juntos”, “La cruda realidad”, “La proposición”, “Con derecho a roce”, “Crazy, stupid, love”, “Amor y otras drogas”) huele a pescado congelado.
¿Llegamos a confundir en los 90 amor con consumo? Desde luego eran películas más sobre cómo cazar a un hombre (la obsesión americana con los anillos de pedida) que sobre la irrupción del amor. Si aceptamos la hipótesis de la mercantilización del amor, ¿el romance es incompatible con la crisis o se pueden aplicar políticas de austeridad en asuntos del corazón? ¿Debemos hacer responsable a Internet, con los portales de búsqueda de pareja/sexo a la carta, o simplemente la comedia romántica ha sido el primer género en caer debido a la piratería?
Al igual que la segunda guerra mundial acabó con la screwball comedy (su irreverencia, anarquía y cinismo están más relacionados con el amor para mi gusto que las romcom), me atrevería a decir que la recesión debida a la burbuja inmobiliaria ha acabado con el amor blando y materialista. ¿Hacia dónde nos dirigimos? No me preguntéis a mí, yo sólo soy una chica delante de un chico pidiéndole que la quiera.
*Casi siempre, en este blog, cuando hablo de hombre y mujer me refiero al género, a las construcciones sociales sobre lo masculino y femenino, no al estatus biológico. Hay mucho hombre que es muy mujeeeer y viceversa.
Patrick Dempsey (que lleva romcom grabado a fuego en la frente) cierra Tiffany’s en Nueva York con veinte dependientes dentro con cara de hienas para proponerle matrimonio a Reese Witherspoon. Fue entonces cuando cristalizó la idea al mismo tiempo que el pedrusco en la mano de ella: ¿qué hombre* se atreve ahora a cerrarte un Tiffany’s, para que le investiguen después sus cuentas en el extranjero? Y quien dice cerrarte una joyería, dice unas vacaciones en las Seychelles o una cena en El Celler de Can Roca.
Como decían en "Laberinto de Pasiones": sin dinero, nena, no coche, no chica, no tate, no vicio, no rímel.
¿Cómo no se me había ocurrido antes asociar la comedia romántica con la burbuja inmobiliaria? Si lo piensas bien, las dos nacieron al mismo tiempo. Últimamente nos han querido vender “Tú y yo”, “Desayuno con diamantes”, “Vacaciones en Roma”, “El apartamento”, “Descalzos por el parque”, “Tal como éramos” o “Annie Hall” como comedias románticas, pero cualquiera con conocimientos básicos en la historia del cine te puede desmontar esa teoría.
Los inicios de la romcom as we know it se pueden fechar en “Cuando Harry encontró a Sally” (1989), que no es una comedia romántica propiamente dicha, pero presentó a la que fue sin duda la primera reina del género, Meg Ryan. Curiosamente, se hizo famosa por fingir un orgasmo en la película, todo un bautizo que se abre a multitud de interpretaciones:
1) Marxista: si las comedias románticas estuvieran destinadas a reimplantar la idea del amor romántico del XIX para fomentar la compra de casas por parte de las parejas (cosa que mi estilo vistiendo me impide afirmar categóricamente), el orgasmo fingido de Meg (que ningún hombre pudo olvidar por muy inocente que se mostrara en películas posteriores) sería el símbolo de la capitalización del erotismo de la mujer que es capaz de fingir un orgasmo (y, por lo tanto, de fingir el amor, pues sexo y amor nunca van separados aquí) para conseguir un techo.
2) Quijotesca: si la mujer es capaz de fingir sexo y amor, es consciente de que el género (el cinematográfico y el femenino) es una farsa y lo utiliza como escapismo, a la manera que el hombre utilizaría las películas de acción (con el riesgo para las solteras de larga duración de llegar a creerse demasiado esas historias y confundir molinos con príncipes azules).
3) Serendípica: la coincidencia de ese orgasmo con el inicio de la burbuja inmobiliaria sería lo que los ingleses llaman una coincidencia feliz, como también sería una casualidad que coincida con el nacimiento de Internet (y con ella, el mayor acceso al porno por parte de los hombres en la historia de la humanidad). De hecho, una de las características principales de la comedia romántica es la serendipia.
Puede que ninguna de estas teorías sea cierta, pero desde que explotó la burbuja en 2007, la comedia romántica empezó a sufrir un descenso progresivo en la calidad de las estrellas, los guiones y la dirección. ¿Dónde están las nuevas "Notting Hill", "Algo para recordar", "Serendipity", "Sucedió en Manhattan", "Love Actually", "La boda de mi mejor amigo", "El diario de Bridget Jones", "Sólo tú" o "Hitch"?
Me atrevería a marcar su ocaso con “Qué les pasa a los hombres” (2009), metacomedia romántica ("He's not that into you", su título en inglés) que desmonta las claves del género, burlándose precisamente de su lado quijotesco (todavía no ha salido ninguna que se burle desde una óptica marxista: a todos nos da pudor relacionar amor con dinero). Lo que vino después (“500 días juntos”, “La cruda realidad”, “La proposición”, “Con derecho a roce”, “Crazy, stupid, love”, “Amor y otras drogas”) huele a pescado congelado.
¿Llegamos a confundir en los 90 amor con consumo? Desde luego eran películas más sobre cómo cazar a un hombre (la obsesión americana con los anillos de pedida) que sobre la irrupción del amor. Si aceptamos la hipótesis de la mercantilización del amor, ¿el romance es incompatible con la crisis o se pueden aplicar políticas de austeridad en asuntos del corazón? ¿Debemos hacer responsable a Internet, con los portales de búsqueda de pareja/sexo a la carta, o simplemente la comedia romántica ha sido el primer género en caer debido a la piratería?
Al igual que la segunda guerra mundial acabó con la screwball comedy (su irreverencia, anarquía y cinismo están más relacionados con el amor para mi gusto que las romcom), me atrevería a decir que la recesión debida a la burbuja inmobiliaria ha acabado con el amor blando y materialista. ¿Hacia dónde nos dirigimos? No me preguntéis a mí, yo sólo soy una chica delante de un chico pidiéndole que la quiera.
*Casi siempre, en este blog, cuando hablo de hombre y mujer me refiero al género, a las construcciones sociales sobre lo masculino y femenino, no al estatus biológico. Hay mucho hombre que es muy mujeeeer y viceversa.
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