
Dirigida y protagonizada por Josep Maria Flotats, con la réplica de Albert Triola, se trata de una obra de Jean-Claude Brisville de 1986 donde el autor recrea una conversación imaginaria entre los dos filósofos, que se encontraron realmente durante unas horas en un convento de París en 1647. Descartes, racionalista y pragmático, viajero y bon vivant, confía en el poder de la inteligencia. Pascal, matemático y místico, asceta y enfermo, confía en Jesucristo y duda de la razón. La visita se produce a petición de Pascal, con la excusa de pedirle una firma a favor de un jansenista atacado por los jesuitas, pero detrás hay mucho más. Pascal habla de la vacuidad de los números, la inutilidad de las matemáticas e incluso llega a intuir la teoría del Principio de incertidumbre de Heisenberg ¡300 años antes!
Flotats está un poco sobreactuado, como todos los grandes. Empieza impostando no un acento, más bien una entonación francesa en su fraseo, que a los veinte minutos rebaja un poco, justo cuando nos hemos acostumbrado al olor de incienso que bajaba del escenario. Triola está bien, opta por la naturalidad, aunque Pascal debía de ser muy poco natural.
No he leído un texto filosófico en mi vida, pero sí me he acordado de Mi noche con Maud, la película de Rohmer, incluida en sus Cuentos morales. Fue ahí donde oí hablar por primera vez de Pascal y los jansenistas. De hecho, está ambientada en Clermont-Ferrand, de donde era Pascal. Volví a leer el guión anoche y creo que Brisville se ha tomado la licencia de poner los pensamientos del último Pascal en un Pascal de 26 años para dar credibilidad al choque dialéctico de los dos filósofos en la fecha de su encuentro. Fue al final de su vida cuando Pascal afirmó: “Toda la física no vale una hora de dolor” o “Las matemáticas son inútiles en su profundidad”. Que lo diga de joven me parece poco creíble para el personaje. Sus teorías parecen más fruto de una rebeldía adolescente que de un metafísico. La madurez de Descartes (y Flotats) le da un peso a sus ideas que quizá contra un Pascal maduro no tendrían. Aún así, el texto tiene fuerza dramática. Teatro de texto e ideas. Como La Cena, la otra representación de Brisville que hizo Flotats, que vi en Málaga en el 2006.
Reflexión: después de leer sobre el cálculo de probabilidades de Pascal y la esperanza matemática (el producto del beneficio por la probabilidad) en el texto de Rohmer, creo que no tengo amantes por la teoría de la apuesta de Pascal. En el fondo, dudo muchísimo de que exista el amor. No obstante, apuesto por él y me encuentro en la situación pascaliana. Hipótesis A: el amor no existe, por lo que debes ser menos exigente y tener amantes. Hipótesis B: el amor existe y vale la pena seguir buscándolo (22 positions in a one-night stand, que cantaba Prince). Yo creo que la hipótesis B tiene muchas menos probabilidades de ser cierta que la A, pongamos un 10% frente a un 90%. Aún así, no puedo dejar de apostar por la B porque es la única que me permite vivir. Supongamos que apostara por la A y se cumpliera la B: sería un fracaso completo. Por lo tanto, debo elegir la B porque es la única que justifica mi vida y mis acciones, ya que el beneficio es infinito (para Pascal era la salvación). El argumento pierde absolutamente su valor para alguien que sea totalmente incrédulo, ya que infinito por cero es igual a cero.