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martes, 16 de diciembre de 2008

Madrid Barcelona

La gente que dice que no le gusta comparar Barcelona y Madrid me parecen unos snobs. Los he conocido de ambos bandos y lo dicen con un tono mundano, como de vuelta de todo, siempre desde la perspectiva del vencedor, como insultado por la comparación, pero simulando aburrimiento.

Propongo dos lugares en ambas ciudades para empezar a compararlas. En Barcelona, el Restaurante Madrid-Barcelona, en el Carrer Aragó, casi tocando a Passeig de Gràcia. Qué mejor momento que la sobremesa para decidir cuál de las dos ciudades tiene más clase, en qué lugar de Barna te gustaría vivir (en Via Laietana) o cuál es tu cine favorito en la capital (el Ideal). En Madrid, un buen lugar para entrar en materia sería la librería del Centre Cultural Blanquerna, que tiene en su puerta una de las vistas más hermosas de la ciudad. Porque, para mí, Barcelona tiene mejores librerías que Madrid (la Central, la Laie) aunque no tenga un Círculo de Bellas Artes.

Madrid es Windows y Barcelona es Mac. Madrid es Nueva York y Barcelona es Los Ángeles. Madrid es 80s y Barcelona es 90s. Madrid es cielo, Barcelona mar. Madrid es rubia (Marilyn) y Barcelona morena (Russell). Madrid es 60s y Barcelona es 70s. Madrid es Galdós, Barcelona es Oller. Madrid es Almodóvar, Barcelona es Vila-Matas. Madrid es Los Ángeles y Barcelona es Nueva York. Y así hasta el infinito.

Hoy haré de guía noctura de dos locales de ambiente que han abierto este año en ambas ciudades.

Charada (Calle de la Bola, 13, Madrid): había oído campanas de lo que podía ser el nuevo pub 90s de la capital, después de la defunción del Liquid. La página web prometía buena música, elegancia y sofisticación. Selecto, pero no elitista. Llegamos Becky, Rebeca, Javi y yo, más informales que arregladas, y el portero nos dice que esperemos, que es con lista. Le hago una señal a Rebeca, que es más resuelta, para que hable ella. Entramos sin problema. La decoración, sofisticada, vale, aunque la pista recordaba un poco a la del difunto Privee. La barra muy mona. Todos los camareros llevan gafa-pasta, sin cristales creo recordar. El público, mucho vestido corto, ellas, mucho traje y pajarita abierta, ellos. Mucho segurata en los lavabos. La música, horrorosa, se iba y se venía, así como funky, creo que pinchan los de Waagon Cooking. Mi gozo en un pozo. A los diez minutos, empiezas a aburrirte. Ni siquiera sé si era realmente de ambiente. Un 6.



Museum (Carrer Sepúlveda, 178, Barcelona): cenando en el bar Lobo en el Raval, le supliqué a Eva (te debo una) que preguntara a una mesa de 9 maromos dónde se podía ir a tomar algo, después haber asistido desesperado por la tarde a la decadencia del Gaixample as I knew it. El chico nos habló de un par de sitios: el Museum y el Cangrejo, y nos indicó amablemente cómo llegar. Aaaaay, mi Barna. Cuando entramos descubrimos un local decorado estilo Luis XV, con reproducciones de Goya y pantallas LCD gigantes enmarcadas como cuadros antiguos con el vídeo de Vogue. ¿Se puede ser más 90? No hace falta describir la cara de felicidad que se nos puso a Carlos y a mí, ni la cara de no-vaya-a-estar-yo-diez-minutos-sin-ver-un-travesti de Annabel y Eva. La coreografía de “Pili Ganará (Saturday Night de Whigfield)" para cerrar hizo el resto. Y el desalojo más rápido y eficiente que Carlos ha visto en su vida. Un 9.




sábado, 21 de junio de 2008

Madrid en Nueva York

- ¿Por qué dejamos de tomarlos?
- Porque todo el mundo empezó a hacerlo.


Ayer quedé con los Llamas Tonizzo en la Plaza de los Cubos, donde Antonio se despide de Eusebio en la Ley del deseo antes de irse de vacaciones, para ir al estreno de Sexo en Nueva York: modelazos, cosmopolitans, tonteo con el camarero, con todo, de todo y de todo.

La entrada del cine estaba llena de gayers de todas las edades, veinteañeras con su mejor amigo y grupos de treintañeras. Un público entregado que no paró de gritar y reírse en toda la película. Hacía años que no veía un público así de enfervorecido, desde las películas de Parchís.

I couldn’t help but wonder… ¿a qué se debe tamaña fiebre? El enganche a la serie se ha producido en España de forma silenciosa, en parte debido a la extraña programación a que se ha visto sometida en cadenas privadas, generalistas y femeninas, en parte debido al fenómeno de la venta de deuvedés que ha sido escalonada aunque, a la vista del éxito en taquilla de la película, bastante cuantiosa.

En Madrid, además, a la que le encanta mirarse en N.Y. (a pesar de la pequeña diferencia de 18 millones de habitantes que tienen), los fans de la serie sienten que el ocio capitalino moderno es comparable al de la gran manzana. Los suplementos de los periódicos de las dos últimas semanas se dedicaban a enumerar los sitios más N.Y. de Madrid. El último: “Mi calle de Nueva York”, un manicure spa que han abierto en el barrio de Salamanca donde, además de quitarte los callos, puedes comprar artículos procedentes del MOMA y celebrar tu cumpleaños. ¿Se puede ser más chic? (pronúnciese con toda la ironía y afrancesamiento del mundo).

Pero volviendo a la película: ¿qué tienen cuatro fashionistas de N.Y. para provocar una comunión y un éxtasis de gays y mujeres sólo comparable al que mañana sufrirán los futboleros de este país? ¿por qué gritan cuando ven un bolso de Vuitton? ¿por qué son tan divertidos los chistes sobre el botox?

No seré yo quien dé la respuesta.

(Cuidado, spoilers). Los críticos han puesto tan mal la película que todos esperábamos lo peor y salimos encantados. Tiene escenas magníficas, como la del revival de los ochenta, escenas que parecen sacadas de la serie, como cuando Charlotte traga agua en México, escenas high couture, como el reportaje de novia para Vogue. Todo el mundo sale del cine diciendo que lo mejor es Samantha, supongo que porque es la única cínica del grupo (sus comentarios sobre lo atrofiadas que tiene las piernas en L.A., lo poco que le gusta un matrimonio, los problemas con su propia pareja…), cosa extraña porque el público era todo menos cínico. Personalmente me quedo con Charlotte que, además de gran comedianta, tiene los mejores gritos de la película.

El guión tiene sus fallos (la espantada de Big, la adición de la personal assistant por corrección política con la comunidad afroamericana, que Carrie descubra con dos años de retraso que se pueden alquilar los bolsos, que Samantha no folle), aunque los que estábamos allí sabíamos que no habíamos ido a ver la candidata al mejor guión de la Academia. Es una película que hay que ver desde el punto de vista del fenómeno fans.

Yo que también fui fans de la serie eché de menos escenas como la de la reunión del final de la segunda o tercera temporada, cuando en el Plaza se ponen a hablar de Tal como éramos (en la película, Carrie apaga con muy mala follá el dvd de Meet me in St. Louis). O la de “I’m a girl who’s looking for love, real love, ridiculous love, inconvinient, consuming, can’t-live-without-each-other love” de la última temporada.

En la película Carrie no está buscando amor, está buscando un armario, y no seré yo quien se lo reproche.

PD: aquí os incluyo un test para ver a cuál de las cuatro os parecéis. Yo no hace falta que diga quién me ha salido:

http://www.enfemenino.com/mag/psico/d3992.html





2017: tibio y desafecto

Ay, que ya nadie se acuerda de 2017. Aquí va mi resumen: Lo mejor del año  * La frase de "Juego de Tronos": “Maybe it real...