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martes, 24 de febrero de 2009

Los Oscars

Este fin de semana fui a Málaga a ver los Oscars. Pepa me convenció de que bajara, después de nuestro fiasco de hace 2 años. Un póster gigante de 2x2 de Penélope preside la ceremonia en casa de Javi y Carlos. Parecíamos la versión cañí del último anuncio de cerveza, sí, ese en el que las chicas se ponen a gritar histéricas cuando la anfitriona les enseña el vestidor, para después oír los gritos vecinos de los chicos cuando el anfitrión les enseña la cámara frigorífica llena de cervezas. Cuando Tilda pronunció su nombre todos nos levantamos del sofá con los brazos en alto como si España hubiera metido un gol en la Eurocopa. Algunos incluso dejaron caer alguna lágrima de emoción. Brindamos con champán y por fin nos relajamos.


Antes habíamos estado viendo los Independent Spirit Awards, porque necesitábamos ver a Pe recibir un premio para subir la moral.



Cuando por fin empezaron los Oscars, para mí, que llevo 22 años viendo la retransmisión, que se dice pronto, estaba siendo la mejor apertura de una ceremonia EVER. That’s what I call an entrance. Hugh Jackman, que desde ayer figura en mi olimpo de dioses (ya lo adoraba por Lobezno, pero lo de anoche fue una revelación), hizo un número musical spectacular-spectacular que habrá que andar mucho en los próximos años para superarlo, Anne Hathaway incluida. Y la entrada de cinco diosas (Eve Marie Saint, Angelica Houston, Whoopie Goldberg, Goldie Hown y Tilda Swinton) para presentar a las nominadas a mejor actriz de reparto no pudo ser más emocionante. De Penélope prefiero no decir nada, sólo que estuvo muy Penélope y por eso la adoro. Reese Witherspoon había llevado un vintage hace tres años, pero ¿quién se acuerda ya de Reese? A Pe el Pierre Balmain Haute Couture le sentaba hiper-Sabrina.


Hubo otros momentos, como la aparición de Ben Stiller parodiando a Joaquin Phoenix en el programa de Letterman, que overseas no tuvo tanta gracia. James Franco haciendo de Superfumados, mejor. Carrie Bradwshow de Dior Couture. El tono mortuorio que imprimió la familia de Heath Ledger. Beyoncé que salió para bordar otro número a la limón con Hugh, homenaje a los musicales de todos los tiempos. Kate Winslet, más comedida que en los Globos, cuando recordó que de pequeña ensayaba el discurso de agradecimiento con una botella de champú (esta vez debió hacerlo con una de laca, Carlos dixit). La canción de Queen Latifah para el homenaje-obituario (¿imitando a Amaral en los Goya?) Adrian Brody presentando a uno de los nominados, diciendo “yo no soy muy fan de google” (cari, eso no es como no ser fan de facebook, es como decir que eres analfabeto). El discurso de Sean Penn, “Thank you. You commie, homo-loving sons-of-guns”, que el intérprete de Canal + resumió en un “Gracias, sois unas mariliendres insoportables” pero que en realidad sería más un “Gracias, panda de progres, que os encantan los gays”, fue todo un alegato a favor del matrimonio gay (los lazos blancos que llevaban algunos de los asistentes eran para la causa), algo que ya había hecho, con más emoción, el (¿ex?)mormón guionista de Harvey Milk. (Por lo visto, desde las limusinas se pudieron ver manifestaciones anti-matrimonio-gay). Y, al fin, la superpoblada y superpremiada Slumdog Millionaire. El éxito cantado de la globalización y los perros callejeros.


Lo peor, aparte de los altibajos típicos de la ceremonia debidos a los premios menores, la retransmisión de Canal +. Àngels Barceló, Pepe Colubi y Juan Zavala no pudieron estar PEOR. Eché de menos a hasta Jaume Figueras, con lo cargante que es. Por no hablar de la fiesta en la sala Shoko de Muñoz de Mesa. Vergüenza ajena (Spanish shame, como dicen en inglés).

¿Dónde quedaron aquellas mesas redondas que organizaba Televisión Española como aquella con Rosa María Mateo, Vicente Molina-Foix, Carlos Saura, Javier Gurruchaga y Carmen Rico-Godoy?




miércoles, 24 de septiembre de 2008

Vicky Cristina Barcelona

Antes de ver la película pensé: intelectualmente nula, penélope divina, barcelona tópica... Woody se ríe de los estereotipos mediterráneos y americanos a la vez...

Al verla, te das cuenta de que esta película es mucho más, es todo un reto al asunto de la barrera lingüística. La barrera lingüística es un tema que siempre me ha fascinado. Por ejemplo, por qué la canción “Waiting for tonight” de Jennifer López me gusta mucho más que “Una noche más” de Jennifer López. Por qué una película parece mucho más interesante cuando la ves en V.O. que cuando la ves en original, aparte de por la interpretación, por los propios diálogos. Por no hablar de las malas traducciones literarias.

Por qué se pierde tanto en la traducción y se gana tanto con esa barrera.

Pero esta película no se salva ni con la barrera, o quizás sea una víctima más de esa barrera.

Para empezar está el tema de los guiris. Los guiris siempre se han ridiculizado en nuestro país, siempre parecen tontos. La primera media hora de la película da fe de ello. ¿Por qué el papel de Scarlett Johansson no se parece nada al que interpretó en Match Point, cuando es una chica en paro, que no sabe qué hacer con su vida, a la que le mola el chulo de turno?

Es cierto que el chulo en este caso es mucho más plano que el que interpretaba Jonathan Rhys Meyer. No es sólo que Bardem no sea santo de mi devoción, es que parece que tampoco lo es de Woody, que le ha dado un papel como para estrellarse en avioneta. Su forma de abordar a las dos chicas en el restaurante lo descalifica para el resto de la película.

Pero, ¿por qué salen tantos turistas en Barcelona y cuando rueda en Nueva York no sale ninguno, y eso que en N.Y. hay muchos más turistas que en Barna? Parece que Woody quiere vengarse, no sólo de Bardem, sino de Barcelona, y convertirla en esa postal de dragón de Parc Güell, en esa ciudad que el Ajuntament se esfuerza en vender no ya como la millor botiga del món, que es muy noventa, sino como la millor ciutat sostenible del món (dientes, dientes, que es lo que duele), aunque luego sus habitantes no hagan más que quejarse de ese parque temático-set de película en el que se ha convertido su ciudad.

En cuanto a Penélope, qué decir. Que es lo mejor de la película, lo cual no es mucho, porque es su típica interpretación chillona, ordinaria, que borda, pero que recuerda a Carne trémula, Volver y No te muevas. Que le da la risa en una de las escenas improvisadas y ni siquiera se han molestado en cortarla. Su relación con Bardem me ha recordado a la de Max Von Sydow y Barbara Hershey en Hanna y Sus Hermanas, pero nada que ver. ¿Por qué, por la barrera lingüística? Creo que no, el mundillo del artisteo está fatal retratado. Su crítica del consumismo americano es patética. Su visión de la pasión latina es peor que la del vídeo de Jennifer de Ain’t It Funny.

Por no hablar del concierto de guitarra española en Oviedo, aparte de poco creíble (cari, Oviedo no es Sevilla), puro plagio del concierto de Caetano Veloso en Hable con ella, con Bardem-Darío Grandinetti llorando de emoción; del pésimo vestuario hippy-chic trasnochado; de las fotos de Penélope en plan campaña de Mango; o de ese disparo en la mano de Rebecca, que la devuelve a la realidad del despropósito en el que está metida (en la ficción y en la no ficción).

Lástima porque, aunque sea un argumento simplón, tiene un puntito Rohmer que podía haber quedado bien con otro enfoque. Curioso que Woody, al que a veces se ha comparado con Rohmer por hacer un cine donde se habla mucho, haya perdido tanto fuste. Con lo bien que utilizó la voz en off en Hanna y Sus Hermanas (una voz en off múltiple, en plan Mi desconfiada esposa, ahora que lo pienso), y lo redundante que resulta en esta película.

Lo que me ha gustado: la canción de Giulia y los Tellarini, la escena en la que Bardem le explica a Scarlett por qué se tiene que quedar Penélope a vivir en su casa, la imagen de la cocina con la cafetera italiana y el cazo con la leche hirviendo bozando, que la veo muy española, y esas plazas y esas terrazas de esa ciudad que adoro y que, para mi gusto, nunca ha estado mejor retratada que en Todo sobre mi madre (Pedro, haces bien en no rodar en los States).




2017: tibio y desafecto

Ay, que ya nadie se acuerda de 2017. Aquí va mi resumen: Lo mejor del año  * La frase de "Juego de Tronos": “Maybe it real...