Antes de ver la película pensé: intelectualmente nula, penélope divina, barcelona tópica... Woody se ríe de los estereotipos mediterráneos y americanos a la vez...
Al verla, te das cuenta de que esta película es mucho más, es todo un reto al asunto de la barrera lingüística. La barrera lingüística es un tema que siempre me ha fascinado. Por ejemplo, por qué la canción “Waiting for tonight” de Jennifer López me gusta mucho más que “Una noche más” de Jennifer López. Por qué una película parece mucho más interesante cuando la ves en V.O. que cuando la ves en original, aparte de por la interpretación, por los propios diálogos. Por no hablar de las malas traducciones literarias.
Por qué se pierde tanto en la traducción y se gana tanto con esa barrera.
Pero esta película no se salva ni con la barrera, o quizás sea una víctima más de esa barrera.
Para empezar está el tema de los guiris. Los guiris siempre se han ridiculizado en nuestro país, siempre parecen tontos. La primera media hora de la película da fe de ello. ¿Por qué el papel de Scarlett Johansson no se parece nada al que interpretó en Match Point, cuando es una chica en paro, que no sabe qué hacer con su vida, a la que le mola el chulo de turno?
Es cierto que el chulo en este caso es mucho más plano que el que interpretaba Jonathan Rhys Meyer. No es sólo que Bardem no sea santo de mi devoción, es que parece que tampoco lo es de Woody, que le ha dado un papel como para estrellarse en avioneta. Su forma de abordar a las dos chicas en el restaurante lo descalifica para el resto de la película.
Pero, ¿por qué salen tantos turistas en Barcelona y cuando rueda en Nueva York no sale ninguno, y eso que en N.Y. hay muchos más turistas que en Barna? Parece que Woody quiere vengarse, no sólo de Bardem, sino de Barcelona, y convertirla en esa postal de dragón de Parc Güell, en esa ciudad que el Ajuntament se esfuerza en vender no ya como la millor botiga del món, que es muy noventa, sino como la millor ciutat sostenible del món (dientes, dientes, que es lo que duele), aunque luego sus habitantes no hagan más que quejarse de ese parque temático-set de película en el que se ha convertido su ciudad.
En cuanto a Penélope, qué decir. Que es lo mejor de la película, lo cual no es mucho, porque es su típica interpretación chillona, ordinaria, que borda, pero que recuerda a Carne trémula, Volver y No te muevas. Que le da la risa en una de las escenas improvisadas y ni siquiera se han molestado en cortarla. Su relación con Bardem me ha recordado a la de Max Von Sydow y Barbara Hershey en Hanna y Sus Hermanas, pero nada que ver. ¿Por qué, por la barrera lingüística? Creo que no, el mundillo del artisteo está fatal retratado. Su crítica del consumismo americano es patética. Su visión de la pasión latina es peor que la del vídeo de Jennifer de Ain’t It Funny.
Por no hablar del concierto de guitarra española en Oviedo, aparte de poco creíble (cari, Oviedo no es Sevilla), puro plagio del concierto de Caetano Veloso en Hable con ella, con Bardem-Darío Grandinetti llorando de emoción; del pésimo vestuario hippy-chic trasnochado; de las fotos de Penélope en plan campaña de Mango; o de ese disparo en la mano de Rebecca, que la devuelve a la realidad del despropósito en el que está metida (en la ficción y en la no ficción).
Lástima porque, aunque sea un argumento simplón, tiene un puntito Rohmer que podía haber quedado bien con otro enfoque. Curioso que Woody, al que a veces se ha comparado con Rohmer por hacer un cine donde se habla mucho, haya perdido tanto fuste. Con lo bien que utilizó la voz en off en Hanna y Sus Hermanas (una voz en off múltiple, en plan Mi desconfiada esposa, ahora que lo pienso), y lo redundante que resulta en esta película.
Lo que me ha gustado: la canción de Giulia y los Tellarini, la escena en la que Bardem le explica a Scarlett por qué se tiene que quedar Penélope a vivir en su casa, la imagen de la cocina con la cafetera italiana y el cazo con la leche hirviendo bozando, que la veo muy española, y esas plazas y esas terrazas de esa ciudad que adoro y que, para mi gusto, nunca ha estado mejor retratada que en Todo sobre mi madre (Pedro, haces bien en no rodar en los States).
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miércoles, 24 de septiembre de 2008
lunes, 23 de junio de 2008
La maldición de Gaudí
“Vicky Cristina Barcelona”, el título me encanta, así, sin comas, como también me encantan, sin comas, “El alba la tarde o la noche” de Yasmina Reza o “La vida instrucciones de uso” de Georges Perec.

La crítica dijo en Cannes que es una buena comedia, que te ríes, aunque el argumento suena un poco simplón: un ligón de museos (Bardem) se dedica a pasear americanas por sitios turísticos hasta que llega su antigua mujer (Pe) y le monta un contigo ni sin ti. El trailer, con la música de Giulia y los Tellarini al principio, no promete mucho, la verdad: mucho vino, mucho fumigueo (Pe), mucho morreo, y poco más. El poster Woody dice que no le gusta porque su peli no va sobre tríos, que él no quiere ese tipo de carnaza. No sé cómo llamará él al morreo bollo entre Scarlett y Pe.
El estreno en EE.UU. es en agosto. Aquí será el 19 de septiembre. A ver si consigue superar la maldición de la postal de Gaudí en que se han convertido todos los intentos de pasar al celuloide la ciudad condal llegados from the land of plenty: Barcelona, de Whit Stillman, o Gaudi Afternoon, de Susan Seidelman.

La crítica dijo en Cannes que es una buena comedia, que te ríes, aunque el argumento suena un poco simplón: un ligón de museos (Bardem) se dedica a pasear americanas por sitios turísticos hasta que llega su antigua mujer (Pe) y le monta un contigo ni sin ti. El trailer, con la música de Giulia y los Tellarini al principio, no promete mucho, la verdad: mucho vino, mucho fumigueo (Pe), mucho morreo, y poco más. El poster Woody dice que no le gusta porque su peli no va sobre tríos, que él no quiere ese tipo de carnaza. No sé cómo llamará él al morreo bollo entre Scarlett y Pe.
El estreno en EE.UU. es en agosto. Aquí será el 19 de septiembre. A ver si consigue superar la maldición de la postal de Gaudí en que se han convertido todos los intentos de pasar al celuloide la ciudad condal llegados from the land of plenty: Barcelona, de Whit Stillman, o Gaudi Afternoon, de Susan Seidelman.
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