viernes, 20 de mayo de 2011

Genoveva Bovary

“Los hombres son como los hoteles. Puedes disfrutar de ellos, pero no debes creer que estás en casa” (Gambirazio)

Ayer la vi sentada en un corrillo de la Puerta del Sol mientras se celebraba la asamblea, con vaqueros y camiseta gris, una toalla hecha un nudo en la cabeza, guitarra en ristre, cuando alguien se le acercó indignado rogándole que guardara la guitarra, que no querían convertir aquello en Hair. Ella le respondió: “las revoluciones son como los hoteles. Puedes disfrutar de ellas, pero no debes creer que estás en casa”. Al principio no di crédito: Genoveva (http://champan-y-zumo-de-naranja.blogspot.com/search?q=genoveva) era la última persona que me esperaba encontrar en la plaza. Estaba guapísima, tenía algo de Audrey desmaquillada sentada en el quicio de la ventana.

Su ruptura con Vargas Llosa Jr. la ha dejado un poco trastornada. Sin duda, ha sido un mazazo más duro que los que propina Thor, el novio de la Pataky (que por cierto, dirigía una clase de yoga en un corrillo de al lado). No hay más que leer las entradas de su blog de esta semana:

“¿Quién puede definir de verdad el amor? Sin caer en cursilerías, lugares comunes, obviedades y paradigmas preestablecidos por la educación. ¿Quién sabe si es el nirvana que se conoce mediante una experiencia mística en una relación sexual, o en un simple abrazo? O quizá sea aquello que permanece cuando se esfuma el fugaz momento de alienación espiritual, al margen de la pasión....”

“Cómo te enfrentas a la noche, si el silencio que abarca todo es imperceptible en el bullicio que soporta la cabeza? Cómo desatas los miedos a amar y a no ser amado, a perder, a ser perdido... a recordar?”

Fui corriendo a saludarla. Le dije: “Cari, me tenías preocupado. No hagas caso de las malas lenguas que tanto se han alegrado de tu ruptura. Tú y yo sabemos que Gonzalo es un putero como su padre. Además, fue él quien insistió en que le acompañaras a Suecia para putear a su progenitor en plan Edipo del rencor, para que luego todo el mundo te acusara de trepa.”

“¿Quién puede definir qué es el amor?” fue su única respuesta. Qué pesada está, pensé. “Cari, el amor o es el nirvana o es sumisión, cuando no las dos cosas. Ya sé que suena a falta de autoestima, pero como decía una sabia travesti de derechas: ¿quién necesita autoestima cuando tiene un hombre que la quiere a su lado?”. “¿Estás con alguien?” me preguntó. “No cari, todavía debo dinero de la última vez que estuve en un hotel. Bueno, te dejo que tengo un seminario sobre periodismo y traducción cuando termine la asamblea. Nos vemos más tarde”.

Mientras me alejaba de ella no podía quitarme a Flaubert de la cabeza: “Genoveva soy yo”.

“Penélope se habrá solidarizado mogollón, pero por aquí no ha aparecido” me espetó la Pataky guiñándome mientras hacía la postura de la montaña. “Ya, cari”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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