sábado, 14 de abril de 2012
martes, 10 de abril de 2012
Los panes de Peter
“Always to be a little boy and have fun” J.M. Barrie
Peter Pan, ese niño egoísta, divertido, irresponsable y desmemoriado creado por Barrie (las últimas palabras de su novela “Peter and Wendy” describe a los niños como “gay and innocent and heartless”) empezó siendo un bebé de siete días en los primeros cuentos de Barrie, un niño de seis o siete años en la novela “Peter y Wendy”, de once o doce en la película de Disney, un adolescente en la obra de teatro homónima donde casi siempre lo representaban mujeres (Mia Farrow en la foto), y acabó siendo un cuarentón sin gracia en la versión de Spielberg.

Un crecimiento paradójicamente opuesto al síndrome al que da nombre, cuyos síntomas se describen a menudo como: irresponsabilidad, narcisismo, mala memoria, ansiedad, soledad y conflicto con los roles sexuales. Muy baja autoestima, falta de empatía y un gran complejo de culpa. Excesos dipsomaniacos, adicción a las drogas, y sexo ocasional y a menudo raro.
Para colmo, tiene un némesis, el capitán Garfio, con el que se llega a complementar tanto que acaban formando un solo ser (como en el fondo ocurre con todos los némesis). Garfio es un pirata que ha estudiado en Eton, obsesionado por la imagen y con un gusto exquisito en el vestir. A Garfio le gusta cambiarse de modelito según el momento del abordaje y, por si esto no bastara, le persigue el tic-tac de un reloj que se ha tragado un cocodrilo con el que seguramente sueña hacerse unas botas de piel.
Los amigos de Peter son gente con crisis de identidad, como Wendy (en realidad lo que quiere es ser madre), o compañeros de farra como los Niños perdidos, aunque me gusta más la traducción de Lost Boys que le dieron a aquella película de vampiros de los ochenta: Jóvenes ocultos. No hay Lost Girls. Como explica Alison Lurie en The New York Review of Books a propósito de una nueva reedición de la obra: “Women in popular culture are often shown as upset and depressed by the idea of growing old, usually because age will make them less attractive to men, but they seldom seem to long for a permanent adolescence in which they can hang out with other lazy, unemployed females, get drunk, and talk dirty.”
Peter Pan no puede recordar los nombres de los piratas a los que ha matado. Es un promiscuo sin remordimientos: “Los olvido después de matarlos”. No hace falta que cambie el verbo para que me entendáis.
Como diría mi adorado Stefon, “New York’s hottest place is Neverland. This place has everything: fairies, indians, pirates, mermaids, a crocodile, Tinker Bell, a pedofile”. Si, Barrie, como Michael Jackson, no se libró de la acusación. Michael, como Barrie, siempre dijo que su infancia terminó a los 6 años. Supongo que sus abogados se plantearían alegar que un niño no puede ser acusado de abusar de otro niño. Michael, en cambio, haciendo honor a su edad mental, se vengó creando el vídeo de Ghost, un remedo de Thriller que presentó un año justo antes de cumplir los 40. En él, su némesis, el malvado alcalde (interpretado también por Jackson), se parece sospechosamente al fiscal de su juicio por abusos a menores.
Me parece que me estoy saliendo del Valle Normal, como la comitiva que entra con las antorchas en el castillo de Algún otro lugar. Aunque más que un post freak, me está quedando un cadáver exquisito, como aquellos que creaban los surrealistas. Un cadáver exquisito que ya no necesita beber vino joven para componer un poema al alimón. Me pregunto si en un mundo donde la inseguridad económica ha sustituido al inconsciente colectivo tienen algún sentido personajes como Peter Pan o el fantasma de Michael Jackson. Por si acaso me equivoco, por favor, no me felicitéis mañana.
A todos los Peter Panes del mundo: be brave, clench fists.
Peter Pan, ese niño egoísta, divertido, irresponsable y desmemoriado creado por Barrie (las últimas palabras de su novela “Peter and Wendy” describe a los niños como “gay and innocent and heartless”) empezó siendo un bebé de siete días en los primeros cuentos de Barrie, un niño de seis o siete años en la novela “Peter y Wendy”, de once o doce en la película de Disney, un adolescente en la obra de teatro homónima donde casi siempre lo representaban mujeres (Mia Farrow en la foto), y acabó siendo un cuarentón sin gracia en la versión de Spielberg.

Un crecimiento paradójicamente opuesto al síndrome al que da nombre, cuyos síntomas se describen a menudo como: irresponsabilidad, narcisismo, mala memoria, ansiedad, soledad y conflicto con los roles sexuales. Muy baja autoestima, falta de empatía y un gran complejo de culpa. Excesos dipsomaniacos, adicción a las drogas, y sexo ocasional y a menudo raro.
Para colmo, tiene un némesis, el capitán Garfio, con el que se llega a complementar tanto que acaban formando un solo ser (como en el fondo ocurre con todos los némesis). Garfio es un pirata que ha estudiado en Eton, obsesionado por la imagen y con un gusto exquisito en el vestir. A Garfio le gusta cambiarse de modelito según el momento del abordaje y, por si esto no bastara, le persigue el tic-tac de un reloj que se ha tragado un cocodrilo con el que seguramente sueña hacerse unas botas de piel.
Los amigos de Peter son gente con crisis de identidad, como Wendy (en realidad lo que quiere es ser madre), o compañeros de farra como los Niños perdidos, aunque me gusta más la traducción de Lost Boys que le dieron a aquella película de vampiros de los ochenta: Jóvenes ocultos. No hay Lost Girls. Como explica Alison Lurie en The New York Review of Books a propósito de una nueva reedición de la obra: “Women in popular culture are often shown as upset and depressed by the idea of growing old, usually because age will make them less attractive to men, but they seldom seem to long for a permanent adolescence in which they can hang out with other lazy, unemployed females, get drunk, and talk dirty.”
Peter Pan no puede recordar los nombres de los piratas a los que ha matado. Es un promiscuo sin remordimientos: “Los olvido después de matarlos”. No hace falta que cambie el verbo para que me entendáis.
Como diría mi adorado Stefon, “New York’s hottest place is Neverland. This place has everything: fairies, indians, pirates, mermaids, a crocodile, Tinker Bell, a pedofile”. Si, Barrie, como Michael Jackson, no se libró de la acusación. Michael, como Barrie, siempre dijo que su infancia terminó a los 6 años. Supongo que sus abogados se plantearían alegar que un niño no puede ser acusado de abusar de otro niño. Michael, en cambio, haciendo honor a su edad mental, se vengó creando el vídeo de Ghost, un remedo de Thriller que presentó un año justo antes de cumplir los 40. En él, su némesis, el malvado alcalde (interpretado también por Jackson), se parece sospechosamente al fiscal de su juicio por abusos a menores.
Me parece que me estoy saliendo del Valle Normal, como la comitiva que entra con las antorchas en el castillo de Algún otro lugar. Aunque más que un post freak, me está quedando un cadáver exquisito, como aquellos que creaban los surrealistas. Un cadáver exquisito que ya no necesita beber vino joven para componer un poema al alimón. Me pregunto si en un mundo donde la inseguridad económica ha sustituido al inconsciente colectivo tienen algún sentido personajes como Peter Pan o el fantasma de Michael Jackson. Por si acaso me equivoco, por favor, no me felicitéis mañana.
A todos los Peter Panes del mundo: be brave, clench fists.
domingo, 8 de abril de 2012
Saturday Night Live
SNL se ha convertido con sus 37 temporadas en un referente de la comedia mundial. Sus chistes son machistas, racistas y homófobos, pero me encantan. Este es mi gag favorito sobre famosos activos o pasivos:
http://www.plus.es/video/NHK-World-Surviving-the-Tsunami/20111222plucanpro_1.Ves/
Y luego está, por supuesto, Stefon, que repite en todos los capítulos el mismo gag, pero no importa. Es una parodia de las maricas de Chelsea y la tontería que tienen los newyorkers con la vida nocturna en su ciudad. Mi gag favorito es el primero, con los nombres onomatopéyicos de los locales, la ONG “Doctors without boners”, “I thought you were created by gay scientists". Me parto y me mondo.
http://www.plus.es/video/NHK-World-Surviving-the-Tsunami/20111222plucanpro_1.Ves/
Y luego está, por supuesto, Stefon, que repite en todos los capítulos el mismo gag, pero no importa. Es una parodia de las maricas de Chelsea y la tontería que tienen los newyorkers con la vida nocturna en su ciudad. Mi gag favorito es el primero, con los nombres onomatopéyicos de los locales, la ONG “Doctors without boners”, “I thought you were created by gay scientists". Me parto y me mondo.
miércoles, 4 de abril de 2012
Las grinder

Hermanas, la calle está fatal. Y si no tuviéramos ya bastante con la competencia del Gaydar, el Bakala y el Bear, ahora las Grinder nos están barriendo. No puedo con las grinder, son unas mamarrachas. Dónde se ha visto hacerse una foto en el espejo del baño con el flash enfocando a la cara para que sólo se vea el cuerpo. Unas mamarrachas. Y la que es mona, todo el día haciéndose fotos buscándose el lado bueno. Unas mamarrachas y unas acomplejadas. No puedo con ellas. Me recuerdan a las bandejas de carne de las neveras de los supermercados. No saben que el buen solomillo no está a la vista, te lo saca el carnicero de detrás del mostrador y tiene vetillas blancas porque la grasa le da sabor. Claro que qué sabrán las Grinder de sabor, si están ciclotímicas a base de pechugas de pollo hormonado y arroz vaporizado. Y de conversación ya ni hablamos. A base de hablar con peítos en el whatsup, se les va a poner cara de culo. Estoy hasta el mismísimo de conversaciones peo.
El colmo fue el otro día fumando en la puerta de un local. Si ya es difícil que un hombre te dé fuego de lado, porque viene servidísimo de chatear durante la semana, ahora se ha puesto de moda grindear en la puerta de los bares. Vamos, que te pueden dejar compuesta y sin polvo por la promesa de una tableta de chocolate, sin cara, que intenta que no se le note la pluma en mensajes llenos de monosílabos. En el futuro, las agencias inmobiliarias de Chueca promocionarán sus pisos destacando los hot spot de concentración grinder. Al tiempo.
jueves, 29 de marzo de 2012
Mister Taconazos
Ahora que la Madonna ha puesto de moda los tacones de los Kazaky, aquí os incluyo la versión madrileña del asunto. Esta canción tenía que haber sido número uno en las radiofórmulas: "Yo no soy Marilyn, Soy Mari Carmen. Por el día cuento botes de lejía. Por la noche consumo cocaína..."
viernes, 16 de marzo de 2012
Primavera en Madrid II
La Latina
“Soy el señor de la noche, el lazarillo de un beso, a los que son de pico y pala, yo recomiendo pico y queso”. Entramos por calle Segovia en el bar de Vicente. Un hombre baila con dos chicas canciones de El Barrio. El Madrid ha ganado al CSKA de Moscú cuatro a uno y las rusas lo celebran con gran deportividad, como han celebrado todas sus derrotas de los últimos veinte años. El hombre es Melvyn Douglas y las dos Ninotchkas de extrarradio le piden a Vicente que pare la música porque van a cantar una canción tradicional de su país.
Chamberí
Le reconozco de espaldas sacando dinero de un cajero de calle Génova. No hace falta que se dé la vuelta. Tampoco es la primera vez que nos cruzamos. Sigue siendo el hombre más elegante del universo.
Lavapies
Veo, veo, ¿qué ves? Lavapiés. Quién te iba a decir a ti, que fuiste la diosa del cine de segregación racial, la reina de los bailes en los Doce Robles, que acabarías levantando los ojos de tu novela de intriga nórdica para clavarlos en el senegalés de turno. La coquetería asoma en tus labios cuando te devuelve la mirada y aprovechas para pasarte la mano por la falda del Balmain vintage que guardas de la época de la primavera romana. Muchas primaveras y colapsos mentales después, aquí estamos. Desde que descubrí que desayunas en esta terraza, vengo todos los viernes a verte. (Vaya, me ha pillado. La saludo asintiendo la cabeza. Ella hace lo propio. Me dice, como si leyera mis pensamientos: ya sólo confío en la amabilidad de los extranjeros).
“Soy el señor de la noche, el lazarillo de un beso, a los que son de pico y pala, yo recomiendo pico y queso”. Entramos por calle Segovia en el bar de Vicente. Un hombre baila con dos chicas canciones de El Barrio. El Madrid ha ganado al CSKA de Moscú cuatro a uno y las rusas lo celebran con gran deportividad, como han celebrado todas sus derrotas de los últimos veinte años. El hombre es Melvyn Douglas y las dos Ninotchkas de extrarradio le piden a Vicente que pare la música porque van a cantar una canción tradicional de su país.
Chamberí
Le reconozco de espaldas sacando dinero de un cajero de calle Génova. No hace falta que se dé la vuelta. Tampoco es la primera vez que nos cruzamos. Sigue siendo el hombre más elegante del universo.
Lavapies
Veo, veo, ¿qué ves? Lavapiés. Quién te iba a decir a ti, que fuiste la diosa del cine de segregación racial, la reina de los bailes en los Doce Robles, que acabarías levantando los ojos de tu novela de intriga nórdica para clavarlos en el senegalés de turno. La coquetería asoma en tus labios cuando te devuelve la mirada y aprovechas para pasarte la mano por la falda del Balmain vintage que guardas de la época de la primavera romana. Muchas primaveras y colapsos mentales después, aquí estamos. Desde que descubrí que desayunas en esta terraza, vengo todos los viernes a verte. (Vaya, me ha pillado. La saludo asintiendo la cabeza. Ella hace lo propio. Me dice, como si leyera mis pensamientos: ya sólo confío en la amabilidad de los extranjeros).
miércoles, 14 de marzo de 2012
Primavera en Madrid
Austrias
¿Qué tipo de masaje quieres?, me dice el chico, no sé, respondo, es difícil saber qué es lo que se quiere, aunque estemos a principios de semana y la mente esté más lúcida (cuando llega el sábado ya estoy con los rumbos perdidos, como dice la copla). Tiene unas manos fuertes y una sonrisa que me recuerda a Gary Cooper, al que besar era como coger una granada a punto de explotar y no atreverse a soltarla. Me pregunto si creerá en la reencarnación. Yo sí, más que en Corinto.
Retiro
Paseo por los alrededores del parque, o pienso que paseo, que es lo mismo que pasear pero sin las molestias de la naturaleza. En la esquina de Lagasca con Alcalá me parece verla, o pienso que la veo, que es lo mismo que verla pero sin las molestias de la certeza. No, estoy seguro: es Greta Garbo. La reconozco por sus zancadas. Va vestida de harapos. Se acerca a un contenedor de plásticos y mete la mano en su interior buscando algo. Se me hace una combinación rara: el plástico y la Garbo.
Chueca
Me los encuentro saliendo del mercado de San Antón. Han debido de ir a comprar carne, porque llevan bolsas de La Finca. Él, a pesar de su elevada estatura, lleva corbata estrecha y pantalones de pitillo. Ella, orgullosa a su lado, luce minifalda y pelucón cardado. Parecen salidos de una de aquellas comedias de guerra de sexos de los años cincuenta. No llevo las gafas y la miopía me hace dudar. Cuando pasan por delante se dan la mano. Definitivamente son ellos: Rock Hudson y Doris Day. Me vuelvo y los sigo. Los veo entrar a un edificio de Augusto Figueroa. Se encienden las luces del tercer piso. Parece un loft. Sólo alcanzo a ver las vigas del techo y una lámpara. Él se asoma y echa la persiana abajo.
¿Qué tipo de masaje quieres?, me dice el chico, no sé, respondo, es difícil saber qué es lo que se quiere, aunque estemos a principios de semana y la mente esté más lúcida (cuando llega el sábado ya estoy con los rumbos perdidos, como dice la copla). Tiene unas manos fuertes y una sonrisa que me recuerda a Gary Cooper, al que besar era como coger una granada a punto de explotar y no atreverse a soltarla. Me pregunto si creerá en la reencarnación. Yo sí, más que en Corinto.
Retiro
Paseo por los alrededores del parque, o pienso que paseo, que es lo mismo que pasear pero sin las molestias de la naturaleza. En la esquina de Lagasca con Alcalá me parece verla, o pienso que la veo, que es lo mismo que verla pero sin las molestias de la certeza. No, estoy seguro: es Greta Garbo. La reconozco por sus zancadas. Va vestida de harapos. Se acerca a un contenedor de plásticos y mete la mano en su interior buscando algo. Se me hace una combinación rara: el plástico y la Garbo.
Chueca
Me los encuentro saliendo del mercado de San Antón. Han debido de ir a comprar carne, porque llevan bolsas de La Finca. Él, a pesar de su elevada estatura, lleva corbata estrecha y pantalones de pitillo. Ella, orgullosa a su lado, luce minifalda y pelucón cardado. Parecen salidos de una de aquellas comedias de guerra de sexos de los años cincuenta. No llevo las gafas y la miopía me hace dudar. Cuando pasan por delante se dan la mano. Definitivamente son ellos: Rock Hudson y Doris Day. Me vuelvo y los sigo. Los veo entrar a un edificio de Augusto Figueroa. Se encienden las luces del tercer piso. Parece un loft. Sólo alcanzo a ver las vigas del techo y una lámpara. Él se asoma y echa la persiana abajo.
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