lunes, 10 de noviembre de 2008

La realidad

Hoy la realidad ha entrado en mi casa como un elefante en una cacharrería. Pensaba que dans la big city vivir en el centro-centro me haría inmune a la realidad, esa que debería estar prohibida. Pero esta mañana el hilo telefónico ha agujereado esa burbuja, esa matrix, ese pentaedro de las Bermudas que me rodea formado por un videoclub, una coctelería, un gimnasio, una discoteca y unos grandes almacenes, y la realidad se ha colado en mi casa. Momento de pánico. Por lo menos me queda la salud, he pensado. Nuevo momento de pánico. No te lo juegues todo a la salud.


Cuando se te cuela la realidad en tu casa, sólo se me ocurren dos cosas: ponerte una copa o salir de casa. Como los gintónics antes del mediodía los estoy dejando para la próxima década, he optado por lo segundo. Me he puesto mis gafas de Kanye West y me he echado a las calles.

Bajo Gran Vía, y para mí bajarla es hacerla de este a oeste, pensando ¿dónde puedes ir? ¿dónde ibas en Málaga cuando necesitabas un chute de seguridad? A la sección de menaje de El Corte Inglés. Allí, entre Villeroy y Vista Alegre, Riedel y Spiegelau, sientes la amenaza de la estampida de elefantes, cierras los ojos y casi llegas a oírlos, pero es un zumbido inerte, no va a más y, cuando te quieres dar cuenta, se ha instalado en tu cabeza junto a la voz que anuncia la promoción de Redumodel. Es el ruido de fondo del aire acondicionado. Miras los precios. Sonríes. Y sales de allí como un hombre nuevo.


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